Que no está Dios lejos, no: mi conciencia es su morada. Soy yo quien puede "estar fuera". Como le confesaba a Dios San Agustín: "Tú estabas dentro de mí y yo estaba fuera". Estar dentro, no andar "desparramados" en la actividad, sin reflexionar, sin pensar... (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Muchas veces, acallamos esta voz con la prisa, el orgullo o el miedo. Pero la conciencia siempre regresa, recordándonos quiénes somos y quiénes podemos ser.
Escuchar la voz de la conciencia es reconocer los errores, pedir perdón, recomenzar. Es elegir lo correcto, incluso cuando nadie está mirando. Es mantener la coherencia entre lo que decimos y lo que vivimos.
Quien aprende a escuchar su propia conciencia camina con más serenidad, sabiendo que está en sintonía con la verdad y con el amor.
Abrazos,
Apolonio Carvalho Nascimento