Solo con ver los desastres que produce la soberbia en la familia, la sociedad, el trabajo, la política... se concluye la urgente necesidad de la humildad: no creerse más que los demás, tonos respetuosos en palabras y actitudes... (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Ser humilde es saber aceptar correcciones y reconocer los limites sin encerrarse en el orgullo.
La humildad nos libera de la comparación y de la necesidad de demostrar nuestro valor.
En la vida diaria, la humildad se revela en gestos sencillos: disculparse, agradecer, servir, aceptar el ritmo de los demás.
La humildad prepara el corazón para acoger la voluntad de Dios.
Quien camina con ella encuentra la verdadera grandeza, porque es en el corazón sencillo donde habita Dios.
Abrazos,
Apolonio Carvalho Nascimento