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PALABRA DE VIDA ABRIL DE 2026. «Quédate con nosotros, porque atardece» (Lc 24, 29).
Desencantados de los sueños, los proyectos y los momentos fuertes de los días transcurridos con el Maestro, los discípulos de Emaús vu...
lunes, 6 de abril de 2026
Pasa palabra 6 de abril de 2026 ¡ALEGRÍA!
La alegría no es el constante bullicio de la euforia, ni una risa forzada; es la paz que sonríe por dentro.
La alegría es comprender que respirar ya es un privilegio, que un abrazo sana más que mil palabras, que la sencillez también es sagrada.
Quien cultiva alegría no ignora el dolor, pero tampoco permite que les robe la capacidad de agradecer.
La verdadera alegría no depende de lo que sucede a nuestro alrededor; ella florece en el hecho de cómo elegimos vivir en nuestro interior.
La verdadera alegría nos la da Jesús cuando dejamos que Él viva en nosotros y entre nosotros.
“Pidan y reciban, así conocerán el gozo completo.” (Jn. 16,24)
Abrazos,
Apolonio Carvalho Nascimento
domingo, 5 de abril de 2026
Pasa palabra 5 de abril de 2026 ENCENDER LA ESPERANZA
Chiara Lubich, Sierva de Dios
Encender la esperanza no significa tener siempre un sol radiante, sino saber encender una vela que venza la oscuridad y muestre el camino.
Encender la esperanza es recordar que el ahora es solo el momento presente de la vida y no el final de la historia.
La esperanza es una virtud que nos conecta directamente con Dios; por lo tanto, es una luz que podemos encender en los momentos más oscuros de nuestra vida.
La esperanza puede ser una luz pequeña y persistente, un faro que indica la llegada o un sol radiante que ilumina toda nuestra vida.
Un abrazo,
Apolonio Carvalho Nascimento
sábado, 4 de abril de 2026
Pasa palabra 4 de abril de 2026 NO DESANIMARSE
Cuando todo parece abrumador, es importante recordar que el desánimo no es señal de fracaso; es una invitación a hacer una pausa. Hacer una pausa no es rendirse; es respirar, reorganizarse y continuar con mayor consciencia.
Cada pausa que hacemos nos aporta información: qué salió bien, qué se puede ajustar, qué se puede descartar.
En lugar de convertir los errores en una sentencia de desánimo, veámos en él un mapa: nos muestra dónde hemos estado y hacia dónde debemos cambiar el rumbo.
Perseverar no significa hacerlo todo a la vez; significa seguir levantándose, volver a empezar, aprender y adaptarse, aunque sea poco a poco.
No desanimarse significa depositar toda nuestra esperanza en el Dios de lo imposible, que siempre está a nuestro lado.
Abrazos,
Apolonio Carvalho Nascimento
viernes, 3 de abril de 2026
Pasa palabra 3 de abril de 2026 ¡AQUÍ ESTOY!
No cansarse de repetir “Aquí estoy” significa renovar esta disponibilidad todos los días.
Este “Aquí estoy” no se vive solo en los grandes momentos, sino también en los pequeños actos de fidelidad: en el trabajo bien hecho, en el amor vivido con paciencia, en el servicio silencioso, en la perseverancia en medio de las dificultades.
Repetir “Aquí estoy” es, en el fondo, repetir: “Señor, cuenta conmigo, incluso con mis debilidades”. Y es precisamente ahí donde Dios actúa con mayor intensidad: no en la perfección, sino en la disponibilidad.
Abrazos,
Apolonio Carvalho Nascimento
jueves, 2 de abril de 2026
Pasa palabra 2 de abril de 2026 AMOR MUTUO
El amor mutuo exige equilibrio: dar sin anularse y recibir sin volverse dependiente. Es un encuentro de dos libertades que deciden caminar lado a lado con el compromiso de vivir el uno para el otro.
El amor mutuo sostiene la comunidad, sana las relaciones y da testimonio al mundo.
Cuando hay amor verdadero entre las personas, la fe deja de ser solo discurso y se convierte en vida. Es a través de este amor que el cristiano se convierte en signo de Dios en el mundo. No por cuánto sabe, sino por cuánto ama.
En la vida cristiana, el amor mutuo no es solo una virtud deseable, sino un mandamiento central. Jesús no lo presenta como una sugerencia, sino como una exigencia fundamental para quien desea seguirlo: amar como Él amó.
Abrazos,
Apolonio Carvalho Nascimento
miércoles, 1 de abril de 2026
PALABRA DE VIDA ABRIL DE 2026. «Quédate con nosotros, porque atardece» (Lc 24, 29).
Desencantados de los sueños, los proyectos y los momentos fuertes de los días transcurridos con el Maestro, los discípulos de Emaús vuelven a casa para reanudar la vida que habían dejado, la de antes del encuentro con Él. Habían transcurrido apenas tres días desde su crucifixión, y la desilusión, el miedo y las dudas reinaban entre sus seguidores.
Se alejaban de Jerusalén, del sueño no realizado, de Cristo y de su mensaje, tristes porque ya habían tomado la decisión de abandonar el proyecto que los había llevado a seguirlo.
Es la historia de todos nosotros cuando nos desencantamos de situaciones que nos plantean tomar una decisión en las encrucijadas, y en muchos casos nos parece que la única respuesta a nuestro malestar es volver atrás, renunciar y resignarnos.
«Quédate con nosotros, porque atardece».
Durante el camino, un desconocido se une a los dos y parece ignorar los acontecimientos que acaban de ocurrir. Comienza a hacer preguntas precisas, las cuales desatan toda la amargura y el desaliento. Primero los escucha, y luego comienza a explicar las Escrituras: es un diálogo, un encuentro que deja huella; de modo que, aunque aún no han reconocido a Jesús, le ruegan que se quede con ellos por que cae la tarde. (cf. Lc 24, 17-29).
Esta es quizá una de las oraciones más bellas que encontramos en el Evangelio. Es la primera oración que se eleva de los discípulos al Resucitado, y es conmovedora esta invitación que todos podemos dirigirle para que Él se quede con nosotros y entre nosotros.
Los ojos de los dos discípulos se abren al partir el pan, y la alegría de haberlo reconocido por fin los anima a volver a Jerusalén para anunciar a sus amigos la resurrección.
«Quédate con nosotros, porque atardece».
«Quizá nada mejor que estas palabras explica la experiencia de vivir con Jesús en medio, que las focolarinas hicimos desde el principio —escribe Chiara Lubich—. Jesús es siempre Jesús, y aunque esté presente solo espiritualmente, cuando está, explica las Escrituras y arde en el corazón su caridad: la vida. Cuando lo hemos conocido, nos lleva a decir con infinita nostalgia: “Quédate con nosotros, Señor, porque atardece”; sin ti es noche oscura [...]»[1].
La noche es símbolo de las tinieblas, de lo desconocido, de la falta de esa luz que no somos capaces de encontrar porque no creemos en su presencia, que sigue acompañándonos siempre.
La noche es la que envuelve a nuestro planeta, herido y ultrajado por luchas fratricidas, por guerras organizadas por la ambición de poder y de dinero.
La noche es la que viven millones de personas que ya no tienen voz para gritar las injusticias y los abusos.
Y nosotros ¿cómo darnos cuenta de la presencia de Jesús, que no siempre se manifiesta según nuestras expectativas? ¿Cómo entender que Él camina con nosotros y quiere que reconozcamos los signos de su presencia? Y sobre todo, ¿cómo crear las condiciones para que se manifieste y se quede con nosotros?
Son preguntas a las que no siempre sabemos dar respuesta, pero que nos piden que no dejemos de buscar a Jesús, que concentremos la mirada en un compañero de viaje al que muchas veces no vemos, que reconozcamos a Aquel que puede hacerse presente si vivimos entre nosotros el amor mutuo.
El camino de Emaús es símbolo de todos nuestros caminos, es el camino del encuentro con el Señor, es el camino que nos devuelve la alegría del corazón, que nos lleva de nuevo a la comunidad para dar testimonio juntos de que Cristo ha resucitado.
Patrizia Mazzola y el equipo de la Palabra de vida
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