Estamos peregrinando; la vida es un viaje, y el terreno que pisaremos mañana, desconocido. Conocemos con una "sabia ignorancia", dice San Agustín (sabemos y no sabemos), a qué "vida verdadera" vamos impulsados. Mejor viajar juntos, no solos. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Cuando aceptamos que lo inesperado forme parte de nuestras vidas, dejamos de verlo solo como una amenaza y comenzamos a verlo como una posibilidad. Un encuentro imprevisto puede convertirse en una amistad; un cambio de planes puede abrir puertas que nunca imaginamos; un desafío puede revelar una fortaleza que aún no conocíamos.
Hacer espacio a lo imprevisto significa ser flexibles y mantener nuestros corazones abiertos para aprender de lo que no estaba en nuestros planes.
Y, sobre todo, la voluntad de Dios puede ser algo imprevisto.
Abrazos,
Apolonio Carvalho Nascimento