Es, incluso cuando ejercemos la autoridad, "el lugar" de la humildad y la disponibilidad. Venciendo ese "ego" que nos puede asomar a todos, de ponernos en el centro, y recordando que, en la unidad, no somos el mosaico, somos, cada uno, una tesela del mosaico". (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Ponernos al servicio de los demás es una de las maneras más hermosas de demostrar amor. Cuando ofrecemos nuestro tiempo, nuestros dones y nuestra atención al prójimo, contribuimos a hacer del mundo un lugar más humano y fraterno. Servir no se limita a hacer grandes gestos. A menudo, una palabra de consuelo o una simple ayuda son suficientes para brindar un servicio a alguien. Quien vive el espíritu de servicio descubre que, al cuidar de los demás, también fortalece su propio corazón. El servicio prestado nos acerca a Dios y nos enseña a amar sin esperar nada a cambio. “Pongan al servicio de los demás los dones que han recibido, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.” (1P 4,10) Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
Si Dios está poderosamente deseoso de "llevarnos sobre alas de águila" en esta vida, como ciudadanos del cielo que somos, pasajeros de la tierra, qué motivación más alta y qué mayor dicha que "volar" con esa fe que hace extraordinario lo ordinario. ( Padre Manolo Morales o.s.a.).
El entusiasmo es una fuerza que transforma las tareas comunes en algo fascinante. No siempre tendremos motivos para sentir entusiasmo, pero este puede nacer de la certeza de que todo esfuerzo realizado con amor tiene valor. Quien actúa con entusiasmo no espera que las circunstancias sean perfectas para empezar. Hace lo mejor que puede con lo que tiene, creyendo que pequeños pasos, dados con perseverancia, pueden producir grandes resultados. Hoy, elijamos realizar nuestras actividades con un corazón dispuesto, poniendo alegría y entusiasmo en todo lo que hacemos. “Cualquiera sea el trabajo de ustedes, háganlo de todo corazón, teniendo en cuenta que es para el Señor y no para los hombres.” (Col. 3,23) Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
¿Se le puede ordenar a alguien que ame? Si entendemos el amor como un sentimiento, ¡evidentemente es imposible! Pero si lo entendemos como un don de Dios, la cosa cambia.
En la Carta a los Romanos, Pablo describe la relación entre Ley y amor, y afirma que el amor es pleno cumplimiento de la Ley. Poco antes ha revelado de dónde proviene este amor: «La prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros» (Rm 5, 8). Y la Primera Carta de Juan dice: «En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados» (1 Jn 4, 10).
«La caridad no hace mal al prójimo. La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud».
Nadie puede dar lo que no tiene. Hemos recibido el don del amor de Dios y estamos llamados a ponerlo en circulación. Podemos convertirnos en sujetos en lugar de ser simples destinatarios del amor de Dios; pasar de amados a amantes, y así participar en la vida misma del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo: el Amante, el Amado y el Amor.
No tenemos con nadie otra deuda que la del amor mutuo -nos reconforta Pablo-, pues quien ama al otro ha cumplido la Ley (cf. Rm 13, 8).
«La caridad no hace mal al prójimo. La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud».
Afirma Chiara Lubich: «El verdadero amor al prójimo no causa ningún daño. Es decir, nos lleva a vivir todos los mandamientos de Dios sin exclusión, ya que su primer objetivo es llevarnos a evitar todas las formas del mal en que podríamos caer, ya sea contra nosotros mismos o contra nuestros hermanos y hermanas»[1].
Así entendidos, los mandamientos de la Ley se convierten en un don del amor de Dios más que en una obligación: no constriñen nuestro amor sino que lo liberan plenamente.
«La caridad no hace mal al prójimo. La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud».
Para alcanzar este «pleno cumplimiento», el primer paso en el amar al prójimo es no hacerle daño. Pero además hace falta ser creativos: «No basta con no hacer daño al prójimo -nos recordaba el papa Francisco-; es necesario elegir hacer el bien aprovechando las ocasiones para dar buen testimonio de que somos discípulos de Jesús»[2].
¿Cómo vivir entonces esta Palabra de Vida? Volvamos a poner el amor en el centro de nuestra vida. Amemos a los demás concretamente, como los amaría Jesús: Él es la plenitud del amor que se dona completamente a Dios y a la humanidad. De ÉI podemos aprender la alta medida del amor.
¡Cuánto bien nos hacemos escuchándonos a fondo, haciéndonos uno con quien habla para amarlo y comprenderlo! ¡Y cuánto mal hablando a la ligera! Dice el libro de los Proverbios que "el que responde antes de escuchar, cosecha necedad y vergüenza". (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Escuchar es un acto de respeto, aceptación y amor. Más allá de oír palabras, se trata de abrir el corazón para comprender la realidad, las alegrías y los dolores del otro, sin juicios y sin prisas. Cuando escuchamos con atención, fortalecemos los vínculos, fomentamos el diálogo y hacemos que las personas se sientan valoradas. Muchas veces, una escucha sincera es el primer paso para aliviar el peso que alguien carga. Escuchar también nos enseña a reconocer que siempre podemos aprender de los demás y responder con mayor sabiduría. Que aprendamos a escuchar con el corazón abierto, acogiendo a cada persona con respeto, atención y amor, para que nuestros encuentros sean fuente de esperanza, comprensión y paz. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
Estar. Ahí es donde se mide nuestra grandeza humana, la nuestra de cada uno, y la de nuestra sociedad. ¡Y qué satisfacción se siente cuando atendemos, nos preocupamos, nos acercamos, acompañamos a quien sufre, está solo, enfermo, excluido...! (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Estar del lado de los más vulnerables es elegir el camino de la compasión, la justicia y el amor. Es reconocer la dignidad de cada persona y comprender que nadie debe enfrentar solo el peso de las dificultades. Un gesto de acogida, una palabra de consuelo o un acto de solidaridad pueden devolver la esperanza a quien más la necesita. Estar al lado de los que sufren también transforma nuestro corazón. Aprendemos que la fuerza de una sociedad reside en la forma cómo cuida a sus miembros más vulnerables. Que seamos una presencia de amor y esperanza en la vida de los más vulnerables, promoviendo la dignidad, la justicia y la fraternidad en cada encuentro. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
Unidos, de la mano, ayudándonos. A este "barco" con que cada día atravesamos el mar de esta vida, le llegan horas oscuras de nuestra sociedad que apesadumbran. ¿No nos tocará más de una vez ser "estrella cercana" que oriente, ilumine, y dé ánimos? (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Cuando enfrentamos los desafíos con valentía, serenidad y confianza, mostramos que es posible seguir adelante incluso en medio de las adversidades. Nuestra forma de vida puede inspirar a otras personas a no desistir. Que nuestras palabras consuelen, nuestras acciones fortalezcan y nuestra presencia sea una señal de que siempre hay un nuevo camino, una nueva oportunidad y una razón para continuar. Que seamos portadores de esperanza, iluminando la vida de las personas con amor, fe y generosidad, para que el bien florezca por donde pasemos. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento