Que no deje de ser esa una primera preocupación nuestra, la paz. Para Dios lo es: que sus hijos sigan viviendo bajo las fuerzas del mal, que continúen matándose unos a otros, y que pueblos enteros sufran la guerra bajo el dominio de algunos "semidioses". (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Cuando oramos por la paz, no solo pedimos el fin de las guerras o la violencia visible, sino también la reconciliación de los corazones heridos, la sanación de las palabras duras y la sabiduría para elegir el diálogo en lugar de la confrontación.La oración nos educa para la mansedumbre y nos recuerda que la verdadera paz es fruto del amor vivido en el día a día.
Rezar por la paz es comprometerse con ella. Es vigilar nuestras acciones, cultivar el perdón, sembrar la comprensión y rechazar las actitudes que generan división. La paz que pedimos en oración debe desbordar en nuestras acciones.
Que nuestra oración sea sincera y constante, para que la paz de Dios habite en nosotros y, a través de nosotros, llegue al mundo.
Abrazos,
Apolonio Carvalho Nascimento