El amor que se tienen entre sí los esposos, padre y madre, es el primer anuncio vivo del amor de Dios. En ese espacio de amor crecen sanos los hijos y se adquiere la estabilidad afectiva. Amor mutuo, amor puro de familia: ahí estará Dios en plenitud. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
La fe cristiana es, por naturaleza, comunitaria. Cuando caminamos juntos, apoyándonos en la oración, en el servicio y la fraternidad, nos convertimos en signos vivos de la presencia de Dios en el mundo.
Jesús no dijo que sus discípulos serían reconocidos por el poder, por el prestigio o simplemente por las palabras, sino por el amor concreto.
Amarnos los unos a los otros significa acogernos, perdonarnos, comprendernos, ayudarnos y caminar juntos, incluso en las diferencias.
Vivir este mandamiento es continuar la misión de Jesús en el mundo: hacer visible el amor de Dios en las relaciones humanas.
Abrazos,
Apolonio Carvalho Nascimento