Sobre todo, que no nos pueda la rutina y la monotonía. Si ese bien lo llevamos dentro, una vida interior rica -ojalá en unión con Dios y abiertos a la relación con los demás- nos mantendrá perseverantes y renovados, y hará que cada día sea nuevo. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Es un gran desafío seguir haciendo el bien cuando no recibimos elogios, cuando nos enfrentamos a la incomprensión o cuando los resultados parecen tardan en llegar.Muchas veces somos tentados a rendirnos delante de las dificultades, del desánimo o de la aparente indiferencia de los demás. Sin embargo, el cristiano no hace el bien esperando recompensa, sino porque desea reflejar el amor de Dios en el mundo.
Jesús fue el mayor ejemplo de esta perseverancia. A lo largo de toda su vida, se dedicó a hacer el bien. En la cruz, llevó al extremo el amor y el perdón y venció el mal con el bien.
No permitamos que la maldad ajena endurezca nuestro corazón, ni que el cansancio apague nuestra disposición de servir. Quien persevera en el bien se convierte en un instrumento de paz y un sembrador de esperanza en el mundo.
Abrazos,
Apolonio Carvalho Nascimento