Alegrarse del bien del amigo, del grupo, etc. y ese bien en quien nos cae mal, incluso ocultarlo subrayando sus defectos, es olvidar que el bien, como la verdad y la belleza, son reflejos del Bien supremo, al que ofendemos así. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
En un mundo donde las comparaciones son frecuentes, celebrar el éxito de los demás nos recuerda que la felicidad no es un recurso limitado.Cuando aprendemos a admirar, en lugar de envidiar, fortalecemos nuestras relaciones y cultivamos un corazón más suave.
Hay tiempo para sembrar, tiempo para esperar y tiempo para cosechar. Lo que hoy celebramos en la vida de alguien puede renovar nuestra esperanza de que, a su debido tiempo, también veremos los frutos de nuestro propio esfuerzo.
Quienes se alegran sinceramente por el bien de los demás descubren que el corazón se vuelve más grande que cualquier competencia. La felicidad compartida no se divide; al contrario, se multiplica y fortalece la amistad y la gratitud.
Abrazos,
Apolonio Carvalho Nascimento