Precisamente porque nuestras sociedades se llenan oscuramente de juicios y acusaciones de unos y otros, necesitan que grupos, comunidades, familias, llevemos la luz del amor mutuo "gestionando" nuestros defectos con el respeto y la comprensión.(Padre Manolo Morales o.s.a.)
No juzguen, para no ser juzgados (Mt. 7,1)Juzgar es casi automático: vemos una actitud, escuchamos una historia incompleta y sacamos conclusiones rápidamente.
Cuando juzgamos, reducimos al otro a un fragmento, ignorando todo lo que no vemos: su historia, sus dolores, sus intenciones, sus luchas silenciosas.
No conocemos completamente el corazón del otro. Y, al admitir esto, nacen la prudencia y la misericordia.
Quien aprende a evitar el juicio comienza a experimentar mayor ligereza. Ya no cargan con el peso de condenar todo el tiempo.
No juzgar es comprender que, al igual que nosotros, el otro está en camino, con éxitos y fracasos, intentándolo, cayéndose y volviendo a empezar.
Abrazos,
Apolonio Carvalho Nascimento