Era la expresión de fe y aceptación de la enfermedad de una muchachita de 18 años, Chiara Badano, beatificada por Benedicto XVI. Dios sabe y está presente en nuestros males. Abandonarse a Dios en esos términos es creer que Él quiere lo mejor para mí. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Chiara Luce Badano, una joven del Movimiento de los Focolares que falleció a los 19 años, repetía constantemente durante su enfermedad: “Si tú lo quieres, Jesús, ¡yo también lo quiero!”.Hay momentos en la vida en que el corazón se inquieta delante de los desafíos y de las renuncias. Es en este silencio interior donde surge la pregunta sincera: “¿Es esto lo que tú quieres, Jesús?”. No se trata de duda, sino de entrega.
El mismo Jesucristo, en Getsemaní, dijo: “Padre, no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Cf. Lc. 22,42). Ahí está el modelo perfecto de confianza. Amar la voluntad de Dios es confiar que, incluso cuando no la comprendemos, Él nos guía con sabiduría y amor.
Decir “¡Yo también lo quiero!” es un acto de madurez espiritual. Es aceptar que los planes de Dios pueden ser diferentes a los nuestros, y, aun así, mejores.
Abrazos,
Apolonio Carvalho Nascimento