¡Con qué facilidad asoma! Apenas, por ejemplo, sufrimos una pequeña desconsideración por parte de alguien, nuestro yo ofendido juzga con excesiva dureza a esa persona. Hasta que la humildad viene en nuestra ayuda y volvemos a poner el amor. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Jesús nos enseña un camino diferente: el de la humildad.
La humildad no disminuye a la persona; al contrario, libera el corazón. Reconocer que necesitamos de Dios y de los demás, saber pedir perdón cuando nos equivocamos, escuchar más que hablar, alegrarnos por el bien del prójimo. Esto es tener libertad, no privación.
Chiara Lubich también enseñó que el verdadero amor nace cuando sabemos ponernos al nivel de los demás, con sencillez y espíritu de servicio.
Abrazos,
Apolonio Carvalho Nascimento