Sencillos, humildes, naturales, prudentes, ningún aire de superioridad. Somos servidores, lo nuestro es servir, que la persona sienta que conectamos con ella, con sus preocupaciones, sus alegrías, sus problemas... (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Cuando acogemos al otro con naturalidad, creamos un espacio donde él puede ser quien es, sin temor a ser juzgado.Este tipo de actitud transforma los encuentros comunes en momentos significativos. Una persona que se siente cómoda a nuestro lado conserva una sensación de tranquilidad, respeto y consideración. Y siempre deseará un nuevo encuentro o una relación más duradera.
Hacer que alguien se sienta cómodo es, en el fondo, un ejercicio de empatía. Cuando elegimos ser amables, dejamos huellas silenciosas, pero profundas.
La hospitalidad es una obra de misericordia que Jesús espera de nosotros: “Fui forastero y me recibiste en tu casa” (Cf. Mt. 25,35)
Un abrazo,
Apolonio Carvalho Nascimento