Si creemos que "en Dios vivimos, nos movemos y existimos", no estará al alcance de todos dedicarle tiempo y silencio para orar, pero sí una miradita a nuestro interior para cuidar, con Él y en Él, sentimientos y pensamientos. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Cuando cuidamos de nuestro ser interior, adquirimos serenidad para afrontar los desafíos, sabiduría para tomar decisiones y sensibilidad para percibir la presencia de Dios dentro de nosotros.
Así como fue para Jesús, nuestra intimidad con el Padre no puede ser un mero detalle, sino que debe ser la fuente de inspiración de nuestras vidas. Necesitamos estos momentos de reflexión para renovar nuestras fuerzas y redescubrir el sentido de nuestro camino.
Que nuestra vida exterior sea siempre el reflejo de la presencia de Dios en nosotros.
Abrazos,
Apolonio Carvalho Nascimento