Enderezamos la intención, y ese amor nos regala un equilibrio psicológico y espiritual insospechado: no nos exaltamos cuando nos gratifica lo que hacemos, ni perdemos el ánimo cuando la acción exige esfuerzo. Y, sobre todo, nos acerca a Dios, que es Amor. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
La caridad no se limita al hecho de donar o ayudar a alguien necesitado. La verdadera caridad se manifiesta en nuestra forma de pensar, hablar y actuar. Está presente en el deseo constante de hacer el bien. La caridad también nos invita a mirar nuestro interior y hacer reflexiones, que nos ayuden a crecer espiritualmente y transformar gradualmente nuestra forma de vida. Que podamos hacer de la caridad el fundamento de todo lo que hacemos. Que cada gesto, cada palabra y cada decisión estén inspirados por el amor al prójimo, recordando que es por el amor expresado en nuestras acciones que nos acercamos verdaderamente a Dios. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
La flexibilidad del amor entre nosotros, maduro, respetuoso, humilde, lleva a sabernos doblegar y ceder. Doblegarse no es someterse, es elevarse para elegir la unidad y la armonía por encima del orgullo y la pretensión de llevar siempre la razón. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
El miedo a lo desconocido, a la pérdida o al fracaso puede paralizarnos. Sin embargo, la vida nos invita constantemente a crecer, y todo crecimiento exige algún cambio. Tener el valor de cambiar no significa no sentir miedo. Significa reconocerlo y aun así dar un paso adelante, confiando en que cada decisión tomada con sabiduría nos acerca a una mejor versión de nosotros mismos. El cambio comienza en el corazón. Ocurre cuando abandonamos viejos hábitos, corregimos actitudes, revisamos conceptos y nos abrimos al aprendizaje. Quienes tienen el valor de cambiar descubren que el cambio nunca es señal de debilidad, sino de madurez. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
Si el profeta bendice a quien confía en Dios, a quien, apartándose de Él, se apoya solo en criaturas humanas, lo maldice como a "un cardo en la estepa que nunca recibe la lluvia". Que el amor a todos nos mantenga el corazón abierto y perspicaz, no ingenuo. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
La confianza nos fortalece ante la incertidumbre y nos ayuda a enfrentar los desafíos sin dejarnos vencer por el miedo. Confiamos en Dios, en su providencia y en su amor, seguros de que Él camina con nosotros en todo momento. Aprendemos también a confiar en los demás, valorando el diálogo, la sinceridad y el respeto, pilares fundamentales de las relaciones sólidas y fraternas. La confianza nos invita a perseverar, a mantener viva la esperanza y a creer que cada experiencia nos ayuda a crecer. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
Es, incluso cuando ejercemos la autoridad, "el lugar" de la humildad y la disponibilidad. Venciendo ese "ego" que nos puede asomar a todos, de ponernos en el centro, y recordando que, en la unidad, no somos el mosaico, somos, cada uno, una tesela del mosaico". (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Ponernos al servicio de los demás es una de las maneras más hermosas de demostrar amor. Cuando ofrecemos nuestro tiempo, nuestros dones y nuestra atención al prójimo, contribuimos a hacer del mundo un lugar más humano y fraterno. Servir no se limita a hacer grandes gestos. A menudo, una palabra de consuelo o una simple ayuda son suficientes para brindar un servicio a alguien. Quien vive el espíritu de servicio descubre que, al cuidar de los demás, también fortalece su propio corazón. El servicio prestado nos acerca a Dios y nos enseña a amar sin esperar nada a cambio. “Pongan al servicio de los demás los dones que han recibido, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.” (1P 4,10) Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
Si Dios está poderosamente deseoso de "llevarnos sobre alas de águila" en esta vida, como ciudadanos del cielo que somos, pasajeros de la tierra, qué motivación más alta y qué mayor dicha que "volar" con esa fe que hace extraordinario lo ordinario. ( Padre Manolo Morales o.s.a.).
El entusiasmo es una fuerza que transforma las tareas comunes en algo fascinante. No siempre tendremos motivos para sentir entusiasmo, pero este puede nacer de la certeza de que todo esfuerzo realizado con amor tiene valor. Quien actúa con entusiasmo no espera que las circunstancias sean perfectas para empezar. Hace lo mejor que puede con lo que tiene, creyendo que pequeños pasos, dados con perseverancia, pueden producir grandes resultados. Hoy, elijamos realizar nuestras actividades con un corazón dispuesto, poniendo alegría y entusiasmo en todo lo que hacemos. “Cualquiera sea el trabajo de ustedes, háganlo de todo corazón, teniendo en cuenta que es para el Señor y no para los hombres.” (Col. 3,23) Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
¿Se le puede ordenar a alguien que ame? Si entendemos el amor como un sentimiento, ¡evidentemente es imposible! Pero si lo entendemos como un don de Dios, la cosa cambia.
En la Carta a los Romanos, Pablo describe la relación entre Ley y amor, y afirma que el amor es pleno cumplimiento de la Ley. Poco antes ha revelado de dónde proviene este amor: «La prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros» (Rm 5, 8). Y la Primera Carta de Juan dice: «En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados» (1 Jn 4, 10).
«La caridad no hace mal al prójimo. La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud».
Nadie puede dar lo que no tiene. Hemos recibido el don del amor de Dios y estamos llamados a ponerlo en circulación. Podemos convertirnos en sujetos en lugar de ser simples destinatarios del amor de Dios; pasar de amados a amantes, y así participar en la vida misma del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo: el Amante, el Amado y el Amor.
No tenemos con nadie otra deuda que la del amor mutuo -nos reconforta Pablo-, pues quien ama al otro ha cumplido la Ley (cf. Rm 13, 8).
«La caridad no hace mal al prójimo. La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud».
Afirma Chiara Lubich: «El verdadero amor al prójimo no causa ningún daño. Es decir, nos lleva a vivir todos los mandamientos de Dios sin exclusión, ya que su primer objetivo es llevarnos a evitar todas las formas del mal en que podríamos caer, ya sea contra nosotros mismos o contra nuestros hermanos y hermanas»[1].
Así entendidos, los mandamientos de la Ley se convierten en un don del amor de Dios más que en una obligación: no constriñen nuestro amor sino que lo liberan plenamente.
«La caridad no hace mal al prójimo. La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud».
Para alcanzar este «pleno cumplimiento», el primer paso en el amar al prójimo es no hacerle daño. Pero además hace falta ser creativos: «No basta con no hacer daño al prójimo -nos recordaba el papa Francisco-; es necesario elegir hacer el bien aprovechando las ocasiones para dar buen testimonio de que somos discípulos de Jesús»[2].
¿Cómo vivir entonces esta Palabra de Vida? Volvamos a poner el amor en el centro de nuestra vida. Amemos a los demás concretamente, como los amaría Jesús: Él es la plenitud del amor que se dona completamente a Dios y a la humanidad. De ÉI podemos aprender la alta medida del amor.