El que en una familia haya hijos peleados no se hablan entre sí, es un hecho que a la madre no se le irá de la cabeza. Somos Familia universal. ¿Habrá en nuestra jornada un momento (solos o en familia) para recodar tanto odio y tanta guerra, y rezar? (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Nunca está demás rezar por la paz. Nuestros tiempos son tiempos de guerra. Necesitamos unirnos en oración para que la paz regrese a nuestros corazones. Rezar por la paz es alinear el corazón con lo que deseamos ver en el mundo. La paz comienza como un susurro en nuestro interior, un pedido sincero para que la luz sea mayor que la oscuridad, para que el amor venza al odio, para que el perdón sane las heridas. Cuando rezamos por la paz, no solo pedimos el cese de los conflictos externos, sino también que se calmen las tormentas internas. Rezar por la paz es un acto de esperanza. Es creer que cada gesto de bondad, cada palabra de reconciliación y cada actitud de compasión tiene el poder de transformar la realidad que nos rodea. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
¡Hacerse!: es un trabajo. Porque tendemos con frecuencia a complicarnos la vida con preocupaciones, miedos, pensamientos negativos... En esto nuestros maestros son los niños, que están felices de "ser lo que son", sin más elucubraciones. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Ser "sencillo" no es humillarse, es purificarse. Significa eliminar los excesos que pesan, las expectativas exageradas, las comparaciones constantes, el orgullo innecesario, y quedarse con lo que realmente importa. La sencillez es valorar lo esencial y comprender que la felicidad reside en las pequeñas cosas. Ser sencillo es aprender a expresar los sentimientos sin máscaras, a vivir sin necesidad de impresionar, a elegir la verdad por encima de las apariencias. Ser sencillo es liberarse de la necesidad de demostrarle algo al mundo y, finalmente, descansar en la propia esencia, que viene del amor. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
Para que no se nos escape el valor que trae la adversidad, sea del tipo que sea. Irritarnos e impacientarnos orgullosamente es alejarnos de Dios y de los demás. Ser mansos no es debilidad. Debilidad es ser esclavos de nuestras pasioncillas. ¡Que Dios nos mira! (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Vivir la mansedumbre es elegir la fuerza que no hace ruido. Es comprender que no necesitamos responder a todo con dureza.
La mansedumbre no es debilidad, es equilibrio. Es la capacidad de mantener el corazón sereno incluso cuando el mundo a nuestro alrededor está agitado. Ser manso es responder con calma donde se espera agresividad, es actuar con sabiduría donde muchos reaccionarían impulsivamente. La mansedumbre nace de la confianza interior, cuando sabemos quiénes somos y no necesitamos demostrar nada a nadie. Vivir con mansedumbre es permitir que la gentileza guíe nuestras palabras y acciones. Es comprender que es posible ser fuerte sin perder la dulzura. En el silencio de la mansedumbre, encontramos una de las formas más elevadas de vivir: la de permanecer siempre en paz. Un abrazo, Apolonio Carvalho Nascimento
Aquí ¿no tendrá que actuar la madre? Cuando en la convivencia somos duros, prevalecen los juicios, y el corazón tiende a cerrarse, la Virgen Madre, Corazón de la Humanidad, sabe cómo impedirlo. Basta sentirnos hijos y dejarnos querer. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
El amor no llega imponiendo cambios; llega dando calor, poco a poco, a aquello que estaba endurecido por el miedo, por el dolor o por las decepciones. Un corazón frío no nació así; aprendió a protegerse. Y es precisamente el amor el que enseña a confiar nuevamente. El amor quiebra barreras invisibles, disuelve rencores y reaviva sentimientos que parecían apagados. No ignora el dolor, sino que lo abraza y lo transforma. Cuando el amor es verdadero, no solo da calor al corazón, sino que lo renueva. La frialdad puede ser un escudo, pero el amor es el coraje de bajar ese escudo y permitir que el corazón se abra a todos. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
No solo cuando la miramos fuera de nosotros (los campos, el mar, las flores...), también cuando la sufrimos (somos naturaleza), en tantas cosas que "consideramos males y fuentes de sufrimiento", alabar al Creador, que está impulsándonos a mejorar, purificar, crecer... (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Cuando contemplo la naturaleza, mi corazón se eleva en alabanza. Nada es casualidad. Cada detalle parece susurrar: hay Amor en el origen de todo. Alabar la Creación es reconocer que la vida es un don. Es dar gracias por el aire que respiro, por el agua que me sustenta, por la tierra que produce alimento. Es también asumir la responsabilidad de proteger lo que se me ha confiado. Que, al mirar la naturaleza, sepa detenerme, contemplar y dar gracias. Y que mi alabanza no se quede solo en palabras, sino que se concretice en acciones de cuidado, respeto y gratitud. Porque, al contemplar la naturaleza, mi corazón aprende a alabar no solo la Creación, sino también al Creador. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
¿Es posible rezarle a Dios "Padre nuestro" y no creer que Él cuida de nosotros y quiere hacerse cargo de nuestros pesos? Es posible porque la fe en su amor es una gracia que vive de la oración humilde de hijos que no se creen autosuficientes. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
En la Primera Carta de San Pedro 5,7 encontramos un consejo lleno de ternura: “Descarguen en él todas sus inquietudes, ya que él se ocupa de ustedes” No se refiere solo a alguna preocupación, sino a todas. Las grandes y las pequeñas, las que nos quitan el sueño y las que nos inquietan en silencio. Podemos ser como un niño que, cuando tiene miedo, se aferra a la mano de su padre y encuentra seguridad. Jesús mismo, en Mateo 6,26 nos recuerda que el Padre cuida de las aves del cielo. ¡Cuánto más cuidará de nosotros, sus amados hijos! Confiar es decir en oración: “Padre, yo hice lo que estaba a mi alcance. El resto lo entrego en tus manos”. Cuando entregamos nuestras preocupaciones a Dios, el alma respira y la esperanza renace. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
Somos aprendices de la vida. La llenamos de sentido solo cuando ponemos el amor en todo. Si nos detuvimos ayer a examinarnos, seguramente detectaríamos algún vacío. Hoy todo nuevo. Que no nos pueda la rutina. Dios nos está mirando. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
“Sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo” (Mt. 5,28) La vida espiritual y humana es un camino de crecimiento continuo. En esta frase, Jesús no nos llama a la perfección inmediata, sino al progreso constante. Cada día es una nueva oportunidad para recomenzar, para aprender de los errores y dar un paso más hacia el bien. “Hoy mejor que ayer” no significa compararse con otros días, sino con nosotros mismos. Pequeños avances, casi imperceptibles, construyen grandes transformaciones a lo largo del tiempo. Esta perfección no es rigidez, sino plenitud de amor. Y el amor crece poco a poco, en las acciones sencillas de lo cotidiano. Lo que importa no es la velocidad del cambio, sino la dirección. Si cada día damos un paso sincero hacia el bien, Dios hace el resto. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
“La principal característica del amor es que anhela la unidad. (…) Esta actitud de ‘hacernos uno’, de ‘vaciarnos’, debe ser la base de toda relación que tengamos con los demás, ya sean nuestros superiores, nuestros subordinados o quienes lo necesiten. Es una condición esencial para la unidad.” Chiara Lubich, Sierva de Dios
Es el Ideal que nos da la felicidad, el equilibrio y la plenitud en esta vida: huir como del diablo de todo lo que suene a división, y vivir intentando estar unidos a Dios, "ser uno" (estar unidos) entre nosotros, y abiertos a todos, a la fraternidad universal. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
En un mundo marcado por opiniones fuertes y profundas diferencias, promover la unidad es un verdadero desafío, pero al mismo tiempo un acto de amor.
El mismo Jesucristo rezó por la unidad entre las personas, sabiendo que unidad no significa uniformidad, sino armonía en la diversidad. Su petición al Padre fue: “¡Que todos sean uno!” (cf. Jn. 17,21).
Ser instrumento de unidad requiere humildad y valentía. Humildad para reconocer que no somos dueños de la verdad. Valentía para dar el primer paso y reconstruir los lazos rotos.
"¡A qué poco sabe la vida sin amigos!". Creamos amistad cuando inspiramos confianza, sabemos escuchar, damos valor al otro, haciendo que se sienta comprendido, querido. La confianza de su parte vendrá, pero no deberemos exigirla. El amor es gratuito. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
La confianza nace cuando nuestras palabras coinciden con nuestras acciones y cuando permanecemos fieles incluso en las dificultades. Jesús nos enseñó esto con su ejemplo. Él acogió, escuchó y acompañó. Nosotros también estamos llamados a hacer lo mismo: escuchar sin juzgar, hablar con sinceridad y actuar con lealtad. Las relaciones de confianza requieren transparencia. No existe un vínculo verdadero sin sinceridad. Es cuando mostramos quiénes somos realmente que permitimos que otros confíen en nosotros. Que seamos firmes en la palabra, constantes en el amor y generosos en todo. Porque donde hay confianza, hay paz. Y donde hay paz, florecen las relaciones que resisten al tiempo y a las adversidades. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
Para ser felices y vivir ordenadamente, para "gustar el bien", para transmitirlo a los demás. Pero necesitamos cultivar el silencio interior, la reflexión. Porque resuenan tantas voces dentro de nosotros que interfieren esa voz. ¡Y es Dios quien habla! (Padre Manolo Morales o.s.a.).
La conciencia es como una luz que Dios enciende dentro de nosotros. No grita, sino que guía. Muchas veces, acallamos esta voz con la prisa, el orgullo o el miedo. Pero la conciencia siempre regresa, recordándonos quiénes somos y quiénes podemos ser. Escuchar la voz de la conciencia es reconocer los errores, pedir perdón, recomenzar. Es elegir lo correcto, incluso cuando nadie está mirando. Es mantener la coherencia entre lo que decimos y lo que vivimos. Quien aprende a escuchar su propia conciencia camina con más serenidad, sabiendo que está en sintonía con la verdad y con el amor. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
Era la expresión de fe y aceptación de la enfermedad de una muchachita de 18 años, Chiara Badano, beatificada por Benedicto XVI. Dios sabe y está presente en nuestros males. Abandonarse a Dios en esos términos es creer que Él quiere lo mejor para mí. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Chiara Luce Badano, una joven del Movimiento de los Focolares que falleció a los 19 años, repetía constantemente durante su enfermedad: “Si tú lo quieres, Jesús, ¡yo también lo quiero!”. Hay momentos en la vida en que el corazón se inquieta delante de los desafíos y de las renuncias. Es en este silencio interior donde surge la pregunta sincera: “¿Es esto lo que tú quieres, Jesús?”. No se trata de duda, sino de entrega. El mismo Jesucristo, en Getsemaní, dijo: “Padre, no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Cf. Lc. 22,42). Ahí está el modelo perfecto de confianza. Amar la voluntad de Dios es confiar que, incluso cuando no la comprendemos, Él nos guía con sabiduría y amor. Decir “¡Yo también lo quiero!” es un acto de madurez espiritual. Es aceptar que los planes de Dios pueden ser diferentes a los nuestros, y, aun así, mejores. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
No significa solo limosna o una obra buena. Caridad es el mismo amor de Dios infundido en nuestro corazón: lo pone Él en movimiento y penetra con su íntima penetración. Cuando amamos así, dejamos en las personas una marca indeleble. (Padre Manolo Morales o.s.a.)
“La fe: si no va acompañada de las obras, está completamente muerta.” (Stg. 2,17) La caridad activa significa transformar el sentimiento en acción concreta. No basta con percibir el dolor del otro; es necesario tender la mano, ofrecer tiempo, apoyo y compañía. Es el amor que sale del discurso y se convierte en acción. La verdadera espiritualidad se manifiesta en las pequeñas y grandes acciones de la vida diaria: en la comida compartida, en la palabra de consuelo, en el perdón otorgado, en la visita a quienes se sienten olvidados. La caridad activa es silenciosa, constante y humilde. Como nos enseñó la Madre Teresa de Calcuta: “No todos podemos hacer grandes cosas, pero sí pequeñas cosas con gran amor”. Nuestras acciones pueden ser la respuesta a la oración de alguien. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
¡Qué maravilla la fe en Dios! Saber que detrás de cada circunstancia y cada persona que me encuentro, hay siempre una palabra de Dios para mí. "...Como lluvia que quiere empapar la tierra, fecundarla y hacerla germinar". Es solo estar atentos y acogerla. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Aceptar es abrir un espacio en el corazón para que el otro exista tal como es, sin intentar moldearlo a nuestra forma de pensar. Aceptar es ofrecer presencia antes de ofrecer soluciones. Muchas veces, lo que alguien más necesita, no son consejos, sino comprensión y una mirada sin prejuicios. Aceptar es extender la mano sin preguntar por qué, es decir "estoy aquí" incluso cuando no sabemos exactamente qué decir. Aceptar es incluso, reconocer el dolor, la alegría, las dudas y los miedos del otro como algo legítimo. Cuando acogemos, transformamos la soledad en compañía y el sufrimiento en compartir. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
¡Es tan obvio ese "deber"! Pero es tan flagrante y común la falta de respeto en la vida pública de nuestras sociedades, que ello puede contaminar como el polvo nuestras apreciaciones y conversaciones. No. Una "civilización del amor" empieza por aquí. (Padre Manolo Morales o.s.a.)
Respetar a los demás es más que ser educado. Es reconocer que cada persona tiene una historia y derecho a tener sus propias opiniones. No siempre concordamos en todo, pero el respeto nos enseña a convivir en medio de las diferencias. Cuando respetamos a alguien, escuchamos su opinión, evitamos juicios precipitados y lo tratamos con dignidad. El respeto también comienza dentro de nosotros. Quien aprende a respetarse entiende sus propios límites y valores, y así, es capaz de respetar el espacio y las decisiones del prójimo. En un mundo con tantas opiniones diferentes, el respeto es lo que mantiene una convivencia armoniosa. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
Las cosas hechas en colaboración llevan el sello del amor común. Si bastarse a sí mismo es un valor, ¿no es un gran valor, incluso mayor, la unidad entre nosotros? (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Colaborar con las personas que encuentre es reconocer que siempre podemos ayudarnos unos a los otros. Cuando elijo colaborar, dejo de lado el individualismo y cultivo la empatía. El otro no es mi competidor, sino un compañero de jornada. La colaboración transforma los ambientes, aminora los conflictos y multiplica las soluciones, porque une diferentes talentos en torno a un mismo propósito. Al enseñar a alguien, aprendo cosas nuevas; al ayudar, crecemos juntos; al compartir, multiplico. Al colaborar con todos, ayudo a construir el Reino de Dios. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
Pararnos una vez más a mirar si hay algo que podrían necesitar otros y a nosotros nos está sobrando. Para no olvidar que somos simples administradores de nuestros bienes, "pobres de espíritu", no dueños absolutos. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Muchas veces acumulamos más de lo que necesitamos: ropa que no usamos, alimentos que sobran, tiempo que desperdiciamos. Lo que es superfluo para algunos puede ser esencial para otros. Lo que se olvida en un armario puede abrigar a alguien en el frío. El valor que casi no hace diferencia en nuestro presupuesto puede representar esperanza para quienes atraviesan dificultades. Compartir es brindar cuidado, atención y sensibilidad. Al compartir lo que nos sobra, cultivamos la empatía y reducimos las desigualdades. Compartir transforma el corazón de quien da: enseña desapego, gratitud y humanidad. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
De los niños, por ejemplo, de su inocencia, su espontaneidad, su franqueza. Pero también de quien tal vez no valoramos mucho y nos sorprende con alguna observación que hace pensar. La humildad nos abre y ensancha el camino de la sabiduría. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Cada persona que cruza nuestro camino lleva con él, conocimiento. Sin importar la edad, la profesión o el nivel de estudio, siempre hay algo que aprender. A veces aprendemos de quienes enseñan; otras veces, de quienes se equivocan, de quienes sufren o de quienes sueñan. Aprendemos con los niños, la sencillez. Con los ancianos, la experiencia. Con los amigos, la lealtad. Con los desafíos, la perseverancia. Cuando adoptamos una actitud humilde, nos abrimos al aprendizaje. La vida es una gran escuela, y todos somos expertos en algún área. Quien comprende esto, nunca deja de aprender y evolucionar. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
¿Verdad que nos pueden a veces las antipatías, la inclinación a juzgar y destacar los defectos del prójimo? Si en el cielo solo entra el amor, ya puedo yo espabilar y vivir y ensayar la comprensión y la misericordia. Es en la tierra la cara del amor. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
“Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia.” (Mt. 5,7) Ser misericordioso es reflejarse en el corazón de Dios. Tener misericordia es actuar con compasión delante del dolor, de los defectos y de la fragilidad del otro. En Jesucristo vemos el mayor ejemplo de misericordia: Él acogió a los rechazados, perdonó a los pecadores y mostró amor incluso a quienes lo condenaban. Ser misericordioso no significa estar de acuerdo con el error, sino elegir amar a pesar de ello. Significa mirar a las personas no solo por sus defectos, sino por su humanidad. Todos necesitamos misericordia, y muchas veces, más de lo que imaginamos. Al ser misericordiosos, reflejamos el amor de Dios al mundo. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
Es sencillo. Basta amar en serio, como Dios quiere que amemos, y somos así un anuncio. Seguramente débil, como débil es nuestra naturaleza. Por eso, esta tarde nos unimos multitud para rezarle a Dios, y gritar: Dios es Amor, es el Dios de la paz. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
El amor de Dios debe ser anunciado con nuestra propia vida. Yo descubrí que Dios me ama inmensamente gracias al testimonio de hermanos y hermanas que me amaron desinteresadamente. Vi que la motivación era el amor de Dios. Por eso, me sentí impulsado a hacer lo mismo. El amor de Dios se manifiesta en el cuidado, en el perdón, en la paciencia, en la esperanza y en todo lo que ofrecemos a quien está a nuestro lado. Cuando el amor de Dios es genuino en nosotros, se desborda naturalmente hacia los demás. Anunciemos el amor de Dios primero con la vida, después con las palabras. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
Superar diferencias, negarnos a entrar en críticas estériles, respetar las creencias, amarnos como somos... ¡Y una llamada! Mañana, sábado a las 18 horas, Roma invita al mundo entero a una vigilia de oración. ¿Nos conectamos? ¡Es el grito de la paz! (Padre Manolo Morales o.s.a.).
La paz comienza en nuestro interior y se extiende a través de nuestras palabras, decisiones y reacciones. En casa, en el trabajo, en la comunidad, siempre habrá desafíos, opiniones divergentes y momentos de tensión. Es precisamente ahí donde estamos llamados a ser instrumentos de serenidad. Cada ambiente lleva consigo la energía de quienes lo frecuentan. Cuando elegimos actuar con calma y amabilidad, contribuimos a crear un espacio más ligero, más humano y más acogedor. Que nuestras palabras sean semillas de armonía y nuestras acciones, reflejo de un corazón sereno. Porque cuando la paz habita en nosotros, ella naturalmente llega a quienes nos rodean. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
Esta fe en el Amor, como fuerza transformadora, que nos acerca como servidores a todos y cada uno de nuestros prójimos (¡a todos, sin exclusiones!), es una gracia del cielo que trae la plenitud a nuestra vida haciéndonos profundamente felices. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Habrá momentos en que el amor parecerá frágil, casi invisible. Sin embargo, es en esos momentos cuando más se esfuerza, reconstruyendo silenciosamente puentes y restaurando vidas. El verdadero amor no hace ruido, pero transforma todo alrededor. Creer en el amor es confiar en que es más fuerte que el odio, más resistente que el dolor, más duradero que cualquier dificultad. Que nunca perdamos la capacidad de amar, de empezar de nuevo y de confiar. Porque donde hay amor, hay luz. Y donde hay luz, siempre habrá esperanza. El amor no es una teoría, es práctica. Cuando empezamos a vivir el amor, no solo creemos en él, sino que lo testimoniamos. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
Hay veces que el bien crece y se multiplica ante nuestros ojos de modo tan admirable, que no se explica sin una intervención de Dios. Es un deber entonces comunicarlo a otros (tal vez despierte su fe) y que se sumen a dar gracias con nosotros. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Cada habilidad, cada sensibilidad, cada virtud, es un don, un talento que poseemos, y todos tienen un propósito. Cuando aprendemos a agradecer, dejamos de compararnos con los demás y comenzamos a valorar quiénes somos y lo que podemos ofrecer al mundo. La gratitud transforma nuestra perspectiva. Comenzamos a percibir las riquezas que ya llevamos dentro. Y cuando usamos nuestros dones para servir, ellos crecen y se multiplican. Dios distribuye los talentos con sabiduría. Cada persona recibe lo necesario para cumplir su misión. Lo importante no es la cantidad de dones, sino el amor con el que los ponemos al servicio. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
La buena conciencia, a veces, nos hace sufrir recordándonos al vivo errores pasados. ¿Con una pizca de orgullo? Sí. Porque lo saludable ahora es la humildad que nos hace amarnos así, imperfectos, reconciliados en este momento con la verdad y el bien. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Recomenzar no siempre viene acompañado de aplausos ni certezas; muchas veces nace del cansancio, de las caídas y de las decepciones. Pero su fuerza reside en la decisión de no quedarse donde el dolor nos ha paralizado. Recomenzar significa aprender del pasado, mirar atrás con gratitud por lo que él nos enseñó. Cada error trae madurez, cada pérdida revela lo que realmente importa, cada final trae un nuevo comienzo. Recomenzar es confiar en que Dios sigue escribiendo nuestra historia, incluso cuando pasamos la página con lágrimas en los ojos. Es creer que aún hay capítulos de alegría, crecimiento y esperanza que aún podrían ser escritos y vividos. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
"Alegraos". Es una explícita voluntad de Dios. Pero tengo que recogerme yendo con fe al fondo del corazón, para percibir que "Dios ha llenado el mundo de alegría", y que una vida nueva -¡eterna!- resurge en mí y en multitud de hermanos y hermanas. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
La alegría no es el constante bullicio de la euforia, ni una risa forzada; es la paz que sonríe por dentro. La alegría es comprender que respirar ya es un privilegio, que un abrazo sana más que mil palabras, que la sencillez también es sagrada. Quien cultiva alegría no ignora el dolor, pero tampoco permite que les robe la capacidad de agradecer. La verdadera alegría no depende de lo que sucede a nuestro alrededor; ella florece en el hecho de cómo elegimos vivir en nuestro interior. La verdadera alegría nos la da Jesús cuando dejamos que Él viva en nosotros y entre nosotros. “Pidan y reciban, así conocerán el gozo completo.” (Jn. 16,24) Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
“Como somos cristianos, debemos tener una gran esperanza y seguir una lógica definida. Nuestro punto de partida es que Jesús vive en nosotros, y así debemos comprender todas las consecuencias que esto implica. En otras palabras, debemos luchar contra el pecado, ir contra corriente en este mundo y vivir junto a Jesús poniendo en práctica sus palabras.” Chiara Lubich, Sierva de Dios
Pasa palabra
5.4.2026
*_Encender la esperanza_*
Ha sido calificada de "oscura" esta hora de la historia: guerras, abusos de poder, migrantes que naufragan desesperados, niños sin infancia... Si creemos que Dios está con nosotros, esa convicción será la "llamita" que transmitiremos. ¡Que no se nos apague! (P.M.)
La esperanza no es un sentimiento mágico que aparece de la nada; es una virtud que se adquiere a través de la fe y la vivencia del amor. Encender la esperanza no significa tener siempre un sol radiante, sino saber encender una vela que venza la oscuridad y muestre el camino. Encender la esperanza es recordar que el ahora es solo el momento presente de la vida y no el final de la historia. La esperanza es una virtud que nos conecta directamente con Dios; por lo tanto, es una luz que podemos encender en los momentos más oscuros de nuestra vida. La esperanza puede ser una luz pequeña y persistente, un faro que indica la llegada o un sol radiante que ilumina toda nuestra vida. Un abrazo, Apolonio Carvalho Nascimento
Se trata de saber encajar, como parte del camino, ese elemento perturbador que puede aparecer, por ejemplo, en la convivencia o en nosotros mismos. La firmeza de ánimo se nutre de la fe y el amor de Dios "por encima" de todas las cosas. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Cuando todo parece abrumador, es importante recordar que el desánimo no es señal de fracaso; es una invitación a hacer una pausa. Hacer una pausa no es rendirse; es respirar, reorganizarse y continuar con mayor consciencia. Cada pausa que hacemos nos aporta información: qué salió bien, qué se puede ajustar, qué se puede descartar. En lugar de convertir los errores en una sentencia de desánimo, veámos en él un mapa: nos muestra dónde hemos estado y hacia dónde debemos cambiar el rumbo. Perseverar no significa hacerlo todo a la vez; significa seguir levantándose, volver a empezar, aprender y adaptarse, aunque sea poco a poco. No desanimarse significa depositar toda nuestra esperanza en el Dios de lo imposible, que siempre está a nuestro lado. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
Decírselo a Dios cada mañana para mostrarle que acojo la vida como venida de sus manos, es algo que costará o dejará de costar según yo le vea como el Señor Soberano a quien adoro, o como el Padre Omnipotente que solo puede querer el bien para mí. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Decirle a Dios “Aquí estoy” es una actitud interior de constante disponibilidad. Es reconocer que la vida no nos pertenece enteramente, sino que es un don, una misión y una respuesta. No cansarse de repetir “Aquí estoy” significa renovar esta disponibilidad todos los días. Este “Aquí estoy” no se vive solo en los grandes momentos, sino también en los pequeños actos de fidelidad: en el trabajo bien hecho, en el amor vivido con paciencia, en el servicio silencioso, en la perseverancia en medio de las dificultades. Repetir “Aquí estoy” es, en el fondo, repetir: “Señor, cuenta conmigo, incluso con mis debilidades”. Y es precisamente ahí donde Dios actúa con mayor intensidad: no en la perfección, sino en la disponibilidad. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
Ese amor es la ley de la vida: en el matrimonio, en la familia, en una comunidad, en la sociedad... Cuanto más se propaga en el mundo el odio y la incapacidad de entenderse, más nos sentimos llamados por Dios a comprendernos y querernos. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
El amor mutuo exige equilibrio: dar sin anularse y recibir sin volverse dependiente. Es un encuentro de dos libertades que deciden caminar lado a lado con el compromiso de vivir el uno para el otro. El amor mutuo sostiene la comunidad, sana las relaciones y da testimonio al mundo. Cuando hay amor verdadero entre las personas, la fe deja de ser solo discurso y se convierte en vida. Es a través de este amor que el cristiano se convierte en signo de Dios en el mundo. No por cuánto sabe, sino por cuánto ama. En la vida cristiana, el amor mutuo no es solo una virtud deseable, sino un mandamiento central. Jesús no lo presenta como una sugerencia, sino como una exigencia fundamental para quien desea seguirlo: amar como Él amó. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
Desencantados de los sueños, los proyectos y los momentos fuertes de los días transcurridos con elMaestro, losdiscípulos de Emaús vuelven a casa para reanudar la vida que habían dejado, la de antes del encuentro con Él. Habían transcurrido apenas tres días desde su crucifixión, y la desilusión, el miedo y las dudas reinaban entre sus seguidores.
Se alejaban deJerusalén,del sueño no realizado, deCristo y de su mensaje,tristesporque ya habían tomado ladecisión de abandonar el proyecto queloshabía llevado a seguirlo.
Es la historia de todos nosotros cuando nos desencantamos de situaciones que nos plantean tomar una decisión en las encrucijadas, y en muchos casos nos parece que la única respuesta a nuestro malestar es volver atrás, renunciar y resignarnos.
«Quédateconnosotros,porqueatardece».
Durante el camino, un desconocido seune a los dos y parece ignorar los acontecimientosque acabandeocurrir. Comienza ahacer preguntasprecisas, las cuales desatan todalaamargurayeldesaliento. Primerolos escucha, y luego comienza a explicar las Escrituras: es un diálogo, un encuentro que deja huella; de modo que, aunque aúnnohan reconocido a Jesús, leruegan que se quede conellos por que cae la tarde. (cf.Lc 24, 17-29).
Esta es quizá una de las oracionesmás bellas que encontramos en el Evangelio.Eslaprimeraoraciónqueseelevadelosdiscípulos alResucitado,yesconmovedora esta invitación quetodos podemos dirigirle para que Él se quede con nosotros y entre nosotros.
Los ojos de los dos discípulos se abren al partir el pan, y la alegría de haberlo reconocido por fin los anima a volver a Jerusalén para anunciar a sus amigos la resurrección.
«Quédateconnosotros,porqueatardece».
«Quizá nada mejor que estas palabras explica la experiencia de vivir con Jesús en medio,quelas focolarinas hicimos desde elprincipio —escribe Chiara Lubich—. Jesús es siempre Jesús, y aunque esté presente solo espiritualmente, cuando está, explica las Escrituras y arde en el corazón su caridad: la vida. Cuando lo hemos conocido,nos lleva adecirconinfinitanostalgia: “Quédateconnosotros, Señor, porque atardece”; sin ti es noche oscura [...]»[1].
Lanocheessímbolodelastinieblas,delodesconocido, delafaltadeesaluzque no somos capaces de encontrar porque no creemos en su presencia, que sigue acompañándonos siempre.
Y nosotros ¿cómo darnos cuenta de la presencia de Jesús, que no siempre se manifiesta según nuestras expectativas? ¿Cómoentender queÉlcaminaconnosotrosyquierequereconozcamoslossignosdesupresencia?Ysobretodo, ¿cómocrearlascondicionesparaquesemanifiesteysequedeconnosotros?
Son preguntas alasque no siempre sabemos dar respuesta, peroquenospiden quenodejemos debuscar aJesús, que concentremos lamiradaenuncompañerodeviajealquemuchasvecesnovemos,quereconozcamosaAquel quepuede hacerse presente sivivimos entre nosotros elamor mutuo.
Elcamino de Emaús essímbolo de todos nuestros caminos, es el camino delencuentro con el Señor, es el camino que nos devuelve laalegría del corazón, que nos lleva de nuevo a la comunidad para dar testimonio juntos de que Cristo ha resucitado.
PatriziaMazzolayelequipodelaPalabradevida
[1] C. Lubich, Todos uno. Escritos espirituales/3, Ciudad Nueva, Madrid 1998, p. 70.
Podremos verlo solo al final del camino. Ahora nos conformamos con sentirlo. Y es bien posible, porque Él se deja sentir cuando le amamos con la fe del corazón. Y, si su amor circula de verdad entre nosotros, entonces el camino se llena de luz. (Padre Manolo Morales o.s.a.)
Sabemos por nuestra fe que Dios siempre está con nosotros, pero no siempre esa presencia está explícitamente manifestada. Jesús hizo una promesa que podemos experimentar sensiblemente, su presencia entre nosotros. Dijo: “Donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos” (Mt. 18,20) Cuando nos amamos como Jesús nos enseñó, atraemos su presencia entre nosotros. Ya experimenté esta presencia y sus frutos, innumerables veces junto con mis compañeros de camino. La presencia de Jesús en medio nuestro, no es solo un objetivo, es el punto de partida: debemos hacer todo con Él entre nosotros. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento