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PALABRA DE VIDA SEPTIEMBRE 2026. «La caridad no hace mal al prójimo. La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud» (Rm 13, 10).

¿Se le puede ordenar a alguien que ame? Si entendemos el amor como un sentimiento, ¡evidentemente es imposible! Pero si lo entendemos como u...

martes, 1 de septiembre de 2026

Pasa palabra 1 de septiembre de 2026 ACTUAR CON ENTUSIASMO

Si Dios está poderosamente deseoso de "llevarnos sobre alas de águila" en esta vida, como ciudadanos del cielo que somos, pasajeros de la tierra, qué motivación más alta y qué mayor dicha que "volar" con esa fe que hace extraordinario lo ordinario. ( Padre Manolo Morales o.s.a.).

El entusiasmo es una fuerza que transforma las tareas comunes en algo fascinante.
No siempre tendremos motivos para sentir entusiasmo, pero este puede nacer de la certeza de que todo esfuerzo realizado con amor tiene valor.
Quien actúa con entusiasmo no espera que las circunstancias sean perfectas para empezar. Hace lo mejor que puede con lo que tiene, creyendo que pequeños pasos, dados con perseverancia, pueden producir grandes resultados.
Hoy, elijamos realizar nuestras actividades con un corazón dispuesto, poniendo alegría y entusiasmo en todo lo que hacemos.
“Cualquiera sea el trabajo de ustedes, háganlo de todo corazón, teniendo en cuenta que es para el Señor y no para los hombres.” (Col. 3,23)
Abrazos,
Apolonio Carvalho Nascimento

PALABRA DE VIDA SEPTIEMBRE 2026 PARA NIÑOS

PALABRA DE VIDA SEPTIEMBRE 2026. «La caridad no hace mal al prójimo. La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud» (Rm 13, 10).

¿Se le puede ordenar a alguien que ame? Si entendemos el amor como un sentimiento, ¡evidentemente es imposible! Pero si lo entendemos como un don de Dios, la cosa cambia.

En la Carta a los Romanos, Pablo describe la relación entre Ley y amor, y afirma que el amor es pleno cumplimiento de la Ley. Poco antes ha revelado de dónde proviene este amor: «La prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros» (Rm 5, 8). Y la Primera Carta de Juan dice: «En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados» (1 Jn 4, 10).

«La caridad no hace mal al prójimo. La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud».

Nadie puede dar lo que no tiene. Hemos recibido el don del amor de Dios y estamos llamados a ponerlo en circulación. Podemos convertirnos en sujetos en lugar de ser simples destinatarios del amor de Dios; pasar de amados a amantes, y así participar en la vida misma del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo: el Amante, el Amado y el Amor.

No tenemos con nadie otra deuda que la del amor mutuo -nos reconforta Pablo-, pues quien ama al otro ha cumplido la Ley (cf. Rm 13, 8).

«La caridad no hace mal al prójimo. La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud».

Afirma Chiara Lubich: «El verdadero amor al prójimo no causa ningún daño. Es decir, nos lleva a vivir todos los mandamientos de Dios sin exclusión, ya que su primer objetivo es llevarnos a evitar todas las formas del mal en que podríamos caer, ya sea contra nosotros mismos o contra nuestros hermanos y hermanas»[1].

Así entendidos, los mandamientos de la Ley se convierten en un don del amor de Dios más que en una obligación: no constriñen nuestro amor sino que lo liberan plenamente.

«La caridad no hace mal al prójimo. La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud».

Para alcanzar este «pleno cumplimiento», el primer paso en el amar al prójimo es no hacerle daño. Pero además hace falta ser creativos: «No basta con no hacer daño al prójimo -nos recordaba el papa Francisco-; es necesario elegir hacer el bien aprovechando las ocasiones para dar buen testimonio de que somos discípulos de Jesús»[2].

¿Cómo vivir entonces esta Palabra de Vida? Volvamos a poner el amor en el centro de nuestra vida. Amemos a los demás concretamente, como los amaría Jesús: Él es la plenitud del amor que se dona completamente a Dios y a la humanidad. De ÉI podemos aprender la alta medida del amor.