¿No sería eso lo primero que tendríamos que hacer cada amanecer? ¿Y lo mismo al acabar el día? No es bueno descuidarlo, porque el peligro es vivir pensando que todo nos es debido. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Agradecer a Dios es un acto de humildad, pues reconocemos que no caminamos solos y que todo lo que tenemos es gracia recibida.
Cuando cultivamos un corazón agradecido, nuestra perspectiva cambia: lo que antes parecía faltar, da lugar al reconocimiento de lo que ya se nos ha concedido.
Incluso en tiempos difíciles, la gratitud fortalece la esperanza y nos acerca a Dios. Ella nos enseña a confiar, a perseverar y a comprender que sus dones son inagotables.
Abrazos,
Apolonio Carvalho Nascimento