Hace bien que nos lo recordemos mutuamente de vez en cuando. Incluso en medio de nuestras cosas, un pensamiento, una mirada a ese mundo que sufre, nos ayuda a ser los primeros desarmados, mientras pedimos el fin de esa locura de la guerra. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Rezar por la paz es un ejercicio de humildad y de confianza, que nos recuerda cómo cada pequeño acto de bondad contribuye a construir un mundo más unido.
La paz que invocamos comienza en nuestras relaciones cotidianas, en las palabras que elegimos, en el perdón que sabemos ofrecer. Y quizás, precisamente a través de la oración sincera, nosotros mismos podamos convertirnos en la respuesta a la paz que pedimos.
Abrazos,
Apolonio Carvalho Nascimento