La flexibilidad del amor entre nosotros, maduro, respetuoso, humilde, lleva a sabernos doblegar y ceder. Doblegarse no es someterse, es elevarse para elegir la unidad y la armonía por encima del orgullo y la pretensión de llevar siempre la razón. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Tener el valor de cambiar no significa no sentir miedo. Significa reconocerlo y aun así dar un paso adelante, confiando en que cada decisión tomada con sabiduría nos acerca a una mejor versión de nosotros mismos.
El cambio comienza en el corazón. Ocurre cuando abandonamos viejos hábitos, corregimos actitudes, revisamos conceptos y nos abrimos al aprendizaje. Quienes tienen el valor de cambiar descubren que el cambio nunca es señal de debilidad, sino de madurez.
Abrazos,
Apolonio Carvalho Nascimento