No sirve lamentarnos cuando vemos que en nuestras sociedades esas leyes no se cumplen. Sirve convertir ese lamento en oración (¡es nuestro mundo!), ser nosotros fieles, y "predicar" unidos con el ejemplo. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Las leyes divinas existen para guiar el corazón humano hacia el bien, la justicia y el amor. Ellas no nos aprisionan ni nos restringen; al contrario, nos liberan, porque nos apartan del egoísmo y nos conducen a la verdadera felicidad.
Cuando respetamos las leyes de Dios, aprendemos a servir más que a dominar, a amar más que a juzgar. Cada mandamiento se convierte en una invitación diaria a la conversión interior, ayudándonos a alinear nuestros pensamientos, palabras y actitudes con el plan de Dios.
Respetar las leyes de Dios, por tanto, es un acto de amor. Es responder a su cuidado con fidelidad, permitiendo que Él transforme nuestra vida en una señal de esperanza y luz para los demás.
Abrazos,
Apolonio Carvalho Nascimento
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