Somos aprendices de la vida. La llenamos de sentido solo cuando ponemos el amor en todo. Si nos detuvimos ayer a examinarnos, seguramente detectaríamos algún vacío. Hoy todo nuevo. Que no nos pueda la rutina. Dios nos está mirando. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
La vida espiritual y humana es un camino de crecimiento continuo. En esta frase, Jesús no nos llama a la perfección inmediata, sino al progreso constante. Cada día es una nueva oportunidad para recomenzar, para aprender de los errores y dar un paso más hacia el bien.
“Hoy mejor que ayer” no significa compararse con otros días, sino con nosotros mismos. Pequeños avances, casi imperceptibles, construyen grandes transformaciones a lo largo del tiempo.
Esta perfección no es rigidez, sino plenitud de amor. Y el amor crece poco a poco, en las acciones sencillas de lo cotidiano.
Lo que importa no es la velocidad del cambio, sino la dirección. Si cada día damos un paso sincero hacia el bien, Dios hace el resto.
Abrazos,
Apolonio Carvalho Nascimento