No hace falta para ello ser una persona santa, ni sentir emociones especiales, ni raciocinar demasiado; un poquito de fe y un corazón sencillo bastan. Es posible que, si rezamos con algún niño, él nos dé alguna lección. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
En medio de las preocupaciones, de las dudas y del ajetreo de la vida diaria, puedo retirarme unos momentos y recordar que no estoy solo. Dios está presente, me escucha y me guía.Cuando me dirijo a Dios, encuentro luz para mis decisiones, fuerza para enfrentar mis dificultades y serenidad para seguir adelante.
No necesito usar palabras complicadas; basta un gesto sincero, un pensamiento, una simple oración que nace del corazón, para dirigirme a Dios y hablar con Él.
Hoy dedicaré unos momentos a este encuentro. Confiaré más, le entregaré mis inquietudes y dejaré que Dios guíe mis pasos.
Un abrazo,
Apolonio Carvalho Nascimento