Ser misericordioso es permitir que el amor prevalezca sobre el juicio. Es reconocer que todos somos imperfectos, cargamos nuestras debilidades, y por eso nos necesitamos mutuamente.
La misericordia nos invita a ver más allá de las apariencias, a comprender antes de condenar, a perdonar antes de guardar rencor y a extender la mano antes de señalar con el dedo.
Jesús nos mostró, con su vida, que la misericordia es un camino hacia la liberación. Enseñó que son “bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia”.
Que hoy podamos ser ser instrumentos de esta misericordia en nuestras palabras, actitudes y decisiones. El amor siempre tiene el poder de restaurar lo que parecía perdido.
Abrazos,
Apolonio Carvalho Nascimento