Es como una operación de limpieza interior, de luz, de renovación, de gozo...Una gracia del cielo para quien perdona y para quien es perdonado. Mantener rencores en el corazón es como vivir intoxicados. ¡Dios nos libre! (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Perdonar sinceramente no significa olvidar lo sucedido ni fingir que la ofensa no existió. Es un proceso que a menudo necesita renovarse día tras día.
Cuando perdonamos, imitamos a Cristo mismo, quien, en la cruz, rezó: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”.
Vale la pena preguntarse: ¿Hay alguien que aún ocupa un lugar en mi corazón por causa del rencor?
El primer paso no es sentir ganas de perdonar, sino pedirle a Dios la gracia de querer perdonar, incluso a aquellos a quienes consideramos enemigos.
Un abrazo,
Apolonio Carvalho Nascimento