Los necesitamos como el aire para respirar. Ha creado ya Dios ejemplarmente ese espacio de forma hermosísima: la familia. Fundada en el amor, ve nacer la vida, crecer, madurar, envejecer. Ojalá no nos alejemos, al menos afectivamente, de ese "lugar" bendito. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Esta frase me lleva a pensar que no solo debo tener esperanza, sino que debo cultivarla. Incluso en medio de las dificultades.
La esperanza no es un sentimiento vago y pasivo; es una virtud que debe practicarse a diario.
Los espacios que puedo crear no son abstractos; son espacios físicos o “emocionales”, donde las personas pueden estar sin miedo: puede ser una conversación con un amigo, una aula escolástica o cualquier ambiente de trabajo, puede ser una comunidad o incluso un simple gesto de cuidado a una persona desconocida.
Crear espacios de esperanza es transformar la presencia en un refugio seguro, la palabra en una señal de unidad y el silencio en escucha confidente.
Abrazos,
Apolonio Carvalho Nascimento