Aunque, gracias a Dios, no faltan buenos samaritanos que se ocupan de ello, ¿cómo olvidar a los millones de personas - familias, niños, adolescentes...- que no lejos de nosotros viven situaciones de extrema pobreza y exclusión social? (Padre Manolo Morales o.s.a.).
La pobreza no es solo la ausencia de recursos materiales; a menudo, es la ausencia de oportunidades, de voz, de dignidad y de esperanza. Así como también puede ser la ausencia de Dios.
Ser indiferente es cerrar los ojos ante realidades que incomodan, es seguir adelante como si el dolor ajeno no tuviera nada que ver con nosotros.
No permanecer indiferente delante de la pobreza significa ver, sentir y actuar, incluso con pequeñas acciones. Es hacer nuestra parte para romper el ciclo de la invisibilidad.
Cuando la pobreza se vuelve "normal", algo esencial también se pierde en nosotros.
No permanecer indiferente, es elegir la compasión en lugar de la apatía, la responsabilidad en lugar de las excusas y la solidaridad en lugar del egoísmo.
Abrazos,
Apolonio Carvalho Nascimento
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