Que no se nos vaya la vida olvidando que somos imagen de Dios que se renueva (¡que debe renovarse!) cada día; somos "barro en manos del Alfarero". Adorarle es creer y admitir que nos moldea a través de cuanto nos sucede. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Muchas veces deseamos que Dios cambie las circunstancias, pero Él quiere, sobre todo, cambiar nuestros corazones. Su presencia reorganiza nuestras vidas desde dentro.
Cuando nos presentamos ante Dios con sinceridad, nuestros pensamientos se ajustan, el orgullo se debilita y los miedos desaparecen. Nada de esto ocurre de inmediato, pero es profundo.
La presencia de Dios no nos transforma por imposición, sino por convivencia. Así como cuando convivimos con alguien y terminamos asemejándonos a él, quien camina con Dios aprende a ver como Él ve, a amar como Él ama y a actuar como Él actúa.
Dejarse transformar es confiar en los planes de Dios y entregarse en sus manos.
Abrazos,
Apolonio Carvalho Nascimento
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