Nutrir el espíritu es cuidar nuestra parte genuina, esa que no se conforma solo con los logros externos, sino que busca significado, paz y verdad. Es reservar tiempo para el silencio, para la escucha interior, para aquello que nos reconecta con lo esencial, con lo divino.
Nutrir el espíritu es elegir lo que ponemos en nuestro interior: pensamientos, lecturas, conversaciones, ambientes.
Cuando nutrimos el espíritu, nos volvemos más completos, más conscientes y más capaces de amar.
Es en este cuidado interior donde encontramos fuerza para afrontar los desafíos, serenidad para lidiar con dolores y esperanza para seguir adelante.
Abrazos,
Apolonio Carvalho Nascimento
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