Cuántas relaciones se enquistan, cuántas crisis en las familias, en las comunidades, sencillamente porque Dios queda al margen de los pensamientos y las decisiones. Todo se orienta cuando Dios ocupa su lugar: el centro de los corazones. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Cuando orientamos nuestra vida hacia Dios, aprendemos a mirarnos con mayor verdad y humildad. Comenzamos a percibir nuestras limitaciones sin desesperación y nuestros dones sin orgullo, comprendiendo que todo es gracia y una oportunidad para servir.
Vivir orientados hacia Dios es aprender a amar mejor: amar sin imponer condiciones, perdonar con sinceridad, acoger con más paciencia. Es permitir que cada gesto, en el trabajo, en la familia, en la comunidad, sea una pequeña oración, una señal de que nuestra vida ha encontrado un rumbo que da sentido a todo.
Abrazos,
Apolonio Carvalho Nascimento