A quienes viven así la pureza de corazón y la pobreza de espíritu, Jesús les garantiza el reino de los cielos."
Chiara Lubich.
Al crearnos, Dios puso su propia voz en nuestra conciencia. Es cuestión de sensibilidad y suma atención y calma para escucharla. Será siempre como la brújula que pone orden y concierto, virtud, bondad y unidad en nuestra vida. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
La voluntad de Dios se acoge en el silencio del corazón, donde la prisa da lugar a la escucha.
Acoger la voluntad de Dios no significa ausencia de dudas. Significa, sobre todo, permitir que Dios nos guíe, incluso cuando el paso es lento y el horizonte parece lejano.
Cuando acogemos la voluntad de Dios, aprendemos a transformar las expectativas en entrega total y transformar el deseo de control en fe.
Con este gesto de confianza en Dios, encontramos paz. No porque todo esté resuelto, sino porque sabemos en quién depositamos nuestra esperanza.
Abrazos,
Apolonio Carvalho Nascimento