"Procuremos concentrarnos en vivir el mandamiento más cercano al corazón de Jesús: el amor al prójimo. [...] Además, podemos considerar el respeto que debemos a las ideas, la mentalidad y, especialmente, a la reputación de nuestro prójimo, evitando las habladurías que podrían dañarla.Chiara Lubich.
Tal vez nos ayude, en tertulias de familia y amigos, recordar y asumir la inscripción que tenía grabada San Agustín en una de las paredes del comedor: "El que es amigo de roer vidas ajenas, no es digno de sentarse a esta mesa". (Padre Manolo Morales o.s.a.).
A menudo, el chismorreo surge de la ansiedad por llenar el silencio, de la necesidad de aprobación o del deseo de parecer importante.
Evitar los chismes no significa callar, sino aprender a dar valor a la palabra. La palabras reflexivas edifican, consuelan y guían; las palabras irreflexivas confunden, hieren y dispersan. El silencio, a su vez, no es ausencia, sino un espacio para escuchar.
Quien cultiva el silencio interior aprende a hablar con más verdad y caridad.
Evitar los chismes significa elegir menos palabras y más significado; menos prisa y más profundidad.
Abrazos,
Apolonio Carvalho Nascimento