Alguien pensará que a ciertos prójimos alguna vez conviene mostrarles dureza. Pero ¿será eso amor o el desahogo de nuestra impaciencia? Niños, personas mayores o enfermas... no necesitan nuestros desahogos sino conocimiento, firmeza y suavidad. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Muchas veces, las personas que conocemos llevan cargas invisibles que no podemos percibir a simple vista. Es precisamente ahí donde la dulzura se hace necesaria.
Mostrar dulzura es saber acoger con una mirada serena, con una palabra amable, con una escucha atenta.
La calma, a su vez, es fruto de un corazón que confía, un corazón que no se deja dominar por la ansiedad, sino que busca actuar con equilibrio y sabiduría.
Mostrar calma es también elegir no reaccionar impulsivamente, sino responder a todo con amor. Es permitir que la paz que deseamos para nosotros llegue también a quienes nos rodean.
Abrazos,
Apolonio Carvalho Nascimento
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