San Agustín, recordando cómo le afectó de joven la muerte de un amigo a quien amó "como si nunca fuera a morir", explica que "el alma ama descansar en las cosas que ama, pero en ellas no encuentra asiento, porque carecen de estabilidad, son fugitivas". (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Reflexionar sobre esto nos lleva a comprender que no todo lo que nos encanta merece ser perseguido. Lo efímero no es necesariamente malo, pero se vuelve peligroso cuando ocupa el lugar de lo que es esencial.
Tener solo relaciones superficiales, consumir impulsivamente y valorar las apariencias puede alejarnos de lo que realmente importa en nuestras vidas: tener propósito, valores, profundidad y paz interior.
En realidad, todo pasa. Solo Dios permanece para siempre. Por lo tanto, hagamos de Él el ideal de nuestras vidas.
Abrazos,
Apolonio Carvalho Nascimento