Me conviene saber que a los pobres Dios les otorga "su primera misericordia". Porque eso, lógicamente, tiene consecuencias en mi vida de fe: ¿cómo es mi espíritu de pobreza, la gestión de mis bienes, mi comportamiento con las carencias que encuentro? (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Ayudar a los pobres no se trata solo de realizar un acto de caridad, sino de reconocer en el otro, a menudo invisible para la sociedad, la misma dignidad que anhelamos para nosotros mismos.La pobreza no es solo la falta de recursos materiales; también puede significar la ausencia de oportunidades, de voz y de esperanza.
Además, esta ayuda nos transforma. Nos enseña gratitud por lo que tenemos, sensibilidad delante de las injusticias y responsabilidad social.
Al tender la mano a quien lo necesita, comprendemos que la verdadera riqueza no reside en acumular, sino en compartir.
Cuando cuidamos de los más vulnerables, construimos una sociedad más justa.
Abrazos,
Apolonio Carvalho Nascimento