Sufrimos cuando ese bien nuestro es limitado, pero gozamos cuando Dios mismo, Bien Supremo, manda un profeta como León XIV a esparcir el Bien a manos llenas. Nuestros pequeños bienes, entonces, se iluminan y se agrandan. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
En todas mis decisiones, siempre existe la posibilidad de elegir hacer el bien.
El bien no tiene por qué ser algo extraordinario; a menudo reside en las pequeñas acciones de la vida cotidiana.
Por ejemplo: responder con amabilidad incluso cuando nos contradicen, ayudar a alguien sin esperar nada a cambio, ofrecer una palabra amable, evitar las críticas innecesarias y promover la paz.
El bien hecho con sinceridad ilumina no solo a quien lo recibe, sino también a quien lo practica.
El bien que hago puede transformar el entorno que me rodea y llenar de paz los corazones de los demás y el mío.
Un abrazo,
Apolonio Carvalho Nascimento
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