Lógico. Venimos de Él y vamos a Él. ¡Que cosa más natural que poner desde por la mañana conscientemente, libremente, el barquito de nuestra vida en la dirección justa! Si, luego, "los vientos" la tuercen, volvemos a orientarla. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Orientar la vida hacia Dios no es un gesto aislado ni un momento puntual; es una decisión continua.
El mundo nos ofrece caminos rápidos y recompensas inmediatas. Dios, en cambio, se revela en el silencio, en aquello que no llama la atención.
Cuando Dios ocupa el centro de nuestras vidas, lo demás no desaparece; adquiere un nuevo significado. El trabajo se convierte en servicio. Las relaciones se convierten en entrega. Incluso el sufrimiento cambia de sentido: no es algo que se deba evitar, sino algo que se debe vivir en unión con Dios.
Si la idea de orientar la vida hacia Dios depende de la perfección, se vuelve imposible. Pero si depende de recomenzar siempre, entonces ella se vuelve viable.
Un abrazo,
Apolonio Carvalho Nascimento
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