Si entendiéramos que esa voluntad coincide con nuestra aspiración más íntima a ser felices, nos preguntaríamos constantemente: ¿esto que pienso o digo o hago, lo quiere Dios? Porque en esa conexión entre nuestra voluntad y la suya está nuestra plenitud. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Muchas veces imaginamos la voluntad de Dios como algo difícil de discernir, pero suele revelarse en el bien que podemos hacer, en las responsabilidades que se nos confían, en las decisiones correctas incluso cuando nadie nos observa.
La voluntad de Dios no siempre coincide con nuestros deseos inmediatos. A veces ella pasa por la renuncia, por la fidelidad. Y es precisamente ahí donde el corazón se moldea mediante la entrega y la confianza. Hacer la voluntad de Dios es dar pasos en la oscuridad, sostenidos más por la fe que por la certeza.
La oración ayuda a iluminar este camino; es ahí donde el corazón se adapta, donde las ansiedades se calman y donde nuestra voluntad se une con la de Él.
Abrazos,
Apolonio Carvalho Nascimento
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