Es nuestra gran tarea, proteger la paz del propio corazón: del bullicio de las propias emociones, de las tensiones que puede presentar la relación con los demás... Nuestra relación con Dios es fuente segura de sosiego y fortaleza interior. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
La paz que anhelamos para el mundo nace primero en nuestro interior.Cuando cultivamos la serenidad en el corazón, dejamos de sembrar inquietud y pasamos a transmitir esperanza.
Muchas veces, queremos cambiar el ambiente a nuestro alrededor, pero la verdadera transformación comienza en nuestro interior. Al cuidar nuestros pensamientos, sentimientos y actitudes, nos convertimos en instrumentos de paz en nuestra familia, en el trabajo y en nuestra relación con todos.
La paz que ofrecemos al otro es un reflejo de la paz que permitimos crecer dentro de nuestros corazones.
“Felices los que trabajan por la paz, porque serán reconocidos como hijos de Dios” (Mt. 5,9)
Abrazos,
Apolonio Carvalho Nascimento