No sus apariencias, no lo que nos gusta o molesta de esa persona, sino sus verdaderas intenciones, lo que realmente desea y busca en el fondo de su corazón. Dios, que "huye de la falsedad y se aleja de los pensamientos vacíos", nos mira así. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Ver el corazón de las personas es tratar de comprender sus intenciones antes de condenar sus acciones, conocer su dolor antes de criticar sus reacciones y ver su necesidad de amor antes de señalar su debilidad.
Esto significa recordar que nadie puede ser definido únicamente por su peor momento. Así como deseamos ser comprendidos más allá de nuestros defectos, también debemos ofrecer a los demás esa misma mirada misericordiosa.
Tal vez, al mirar con más amor, descubramos cualidades y sufrimientos que están escondidos detrás de comportamientos que no comprendemos.
Pidamos a Dios una mirada capaz de trascender las apariencias y llegar al corazón de las personas.
Un abrazo,
Apolonio Carvalho Nascimento