“Como somos cristianos, debemos tener una gran esperanza y seguir una lógica definida. Nuestro punto de partida es que Jesús vive en nosotros, y así debemos comprender todas las consecuencias que esto implica. En otras palabras, debemos luchar contra el pecado, ir contra corriente en este mundo y vivir junto a Jesús poniendo en práctica sus palabras.” Chiara Lubich, Sierva de Dios
Pasa palabra
5.4.2026
*_Encender la esperanza_*
Ha sido calificada de "oscura" esta hora de la historia: guerras, abusos de poder, migrantes que naufragan desesperados, niños sin infancia... Si creemos que Dios está con nosotros, esa convicción será la "llamita" que transmitiremos. ¡Que no se nos apague! (P.M.)
La esperanza no es un sentimiento mágico que aparece de la nada; es una virtud que se adquiere a través de la fe y la vivencia del amor. Encender la esperanza no significa tener siempre un sol radiante, sino saber encender una vela que venza la oscuridad y muestre el camino. Encender la esperanza es recordar que el ahora es solo el momento presente de la vida y no el final de la historia. La esperanza es una virtud que nos conecta directamente con Dios; por lo tanto, es una luz que podemos encender en los momentos más oscuros de nuestra vida. La esperanza puede ser una luz pequeña y persistente, un faro que indica la llegada o un sol radiante que ilumina toda nuestra vida. Un abrazo, Apolonio Carvalho Nascimento
Se trata de saber encajar, como parte del camino, ese elemento perturbador que puede aparecer, por ejemplo, en la convivencia o en nosotros mismos. La firmeza de ánimo se nutre de la fe y el amor de Dios "por encima" de todas las cosas. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Cuando todo parece abrumador, es importante recordar que el desánimo no es señal de fracaso; es una invitación a hacer una pausa. Hacer una pausa no es rendirse; es respirar, reorganizarse y continuar con mayor consciencia. Cada pausa que hacemos nos aporta información: qué salió bien, qué se puede ajustar, qué se puede descartar. En lugar de convertir los errores en una sentencia de desánimo, veámos en él un mapa: nos muestra dónde hemos estado y hacia dónde debemos cambiar el rumbo. Perseverar no significa hacerlo todo a la vez; significa seguir levantándose, volver a empezar, aprender y adaptarse, aunque sea poco a poco. No desanimarse significa depositar toda nuestra esperanza en el Dios de lo imposible, que siempre está a nuestro lado. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
Decírselo a Dios cada mañana para mostrarle que acojo la vida como venida de sus manos, es algo que costará o dejará de costar según yo le vea como el Señor Soberano a quien adoro, o como el Padre Omnipotente que solo puede querer el bien para mí. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Decirle a Dios “Aquí estoy” es una actitud interior de constante disponibilidad. Es reconocer que la vida no nos pertenece enteramente, sino que es un don, una misión y una respuesta. No cansarse de repetir “Aquí estoy” significa renovar esta disponibilidad todos los días. Este “Aquí estoy” no se vive solo en los grandes momentos, sino también en los pequeños actos de fidelidad: en el trabajo bien hecho, en el amor vivido con paciencia, en el servicio silencioso, en la perseverancia en medio de las dificultades. Repetir “Aquí estoy” es, en el fondo, repetir: “Señor, cuenta conmigo, incluso con mis debilidades”. Y es precisamente ahí donde Dios actúa con mayor intensidad: no en la perfección, sino en la disponibilidad. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
Ese amor es la ley de la vida: en el matrimonio, en la familia, en una comunidad, en la sociedad... Cuanto más se propaga en el mundo el odio y la incapacidad de entenderse, más nos sentimos llamados por Dios a comprendernos y querernos. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
El amor mutuo exige equilibrio: dar sin anularse y recibir sin volverse dependiente. Es un encuentro de dos libertades que deciden caminar lado a lado con el compromiso de vivir el uno para el otro. El amor mutuo sostiene la comunidad, sana las relaciones y da testimonio al mundo. Cuando hay amor verdadero entre las personas, la fe deja de ser solo discurso y se convierte en vida. Es a través de este amor que el cristiano se convierte en signo de Dios en el mundo. No por cuánto sabe, sino por cuánto ama. En la vida cristiana, el amor mutuo no es solo una virtud deseable, sino un mandamiento central. Jesús no lo presenta como una sugerencia, sino como una exigencia fundamental para quien desea seguirlo: amar como Él amó. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
Desencantados de los sueños, los proyectos y los momentos fuertes de los días transcurridos con elMaestro, losdiscípulos de Emaús vuelven a casa para reanudar la vida que habían dejado, la de antes del encuentro con Él. Habían transcurrido apenas tres días desde su crucifixión, y la desilusión, el miedo y las dudas reinaban entre sus seguidores.
Se alejaban deJerusalén,del sueño no realizado, deCristo y de su mensaje,tristesporque ya habían tomado ladecisión de abandonar el proyecto queloshabía llevado a seguirlo.
Es la historia de todos nosotros cuando nos desencantamos de situaciones que nos plantean tomar una decisión en las encrucijadas, y en muchos casos nos parece que la única respuesta a nuestro malestar es volver atrás, renunciar y resignarnos.
«Quédateconnosotros,porqueatardece».
Durante el camino, un desconocido seune a los dos y parece ignorar los acontecimientosque acabandeocurrir. Comienza ahacer preguntasprecisas, las cuales desatan todalaamargurayeldesaliento. Primerolos escucha, y luego comienza a explicar las Escrituras: es un diálogo, un encuentro que deja huella; de modo que, aunque aúnnohan reconocido a Jesús, leruegan que se quede conellos por que cae la tarde. (cf.Lc 24, 17-29).
Esta es quizá una de las oracionesmás bellas que encontramos en el Evangelio.Eslaprimeraoraciónqueseelevadelosdiscípulos alResucitado,yesconmovedora esta invitación quetodos podemos dirigirle para que Él se quede con nosotros y entre nosotros.
Los ojos de los dos discípulos se abren al partir el pan, y la alegría de haberlo reconocido por fin los anima a volver a Jerusalén para anunciar a sus amigos la resurrección.
«Quédateconnosotros,porqueatardece».
«Quizá nada mejor que estas palabras explica la experiencia de vivir con Jesús en medio,quelas focolarinas hicimos desde elprincipio —escribe Chiara Lubich—. Jesús es siempre Jesús, y aunque esté presente solo espiritualmente, cuando está, explica las Escrituras y arde en el corazón su caridad: la vida. Cuando lo hemos conocido,nos lleva adecirconinfinitanostalgia: “Quédateconnosotros, Señor, porque atardece”; sin ti es noche oscura [...]»[1].
Lanocheessímbolodelastinieblas,delodesconocido, delafaltadeesaluzque no somos capaces de encontrar porque no creemos en su presencia, que sigue acompañándonos siempre.
Y nosotros ¿cómo darnos cuenta de la presencia de Jesús, que no siempre se manifiesta según nuestras expectativas? ¿Cómoentender queÉlcaminaconnosotrosyquierequereconozcamoslossignosdesupresencia?Ysobretodo, ¿cómocrearlascondicionesparaquesemanifiesteysequedeconnosotros?
Son preguntas alasque no siempre sabemos dar respuesta, peroquenospiden quenodejemos debuscar aJesús, que concentremos lamiradaenuncompañerodeviajealquemuchasvecesnovemos,quereconozcamosaAquel quepuede hacerse presente sivivimos entre nosotros elamor mutuo.
Elcamino de Emaús essímbolo de todos nuestros caminos, es el camino delencuentro con el Señor, es el camino que nos devuelve laalegría del corazón, que nos lleva de nuevo a la comunidad para dar testimonio juntos de que Cristo ha resucitado.
PatriziaMazzolayelequipodelaPalabradevida
[1] C. Lubich, Todos uno. Escritos espirituales/3, Ciudad Nueva, Madrid 1998, p. 70.
Podremos verlo solo al final del camino. Ahora nos conformamos con sentirlo. Y es bien posible, porque Él se deja sentir cuando le amamos con la fe del corazón. Y, si su amor circula de verdad entre nosotros, entonces el camino se llena de luz. (Padre Manolo Morales o.s.a.)
Sabemos por nuestra fe que Dios siempre está con nosotros, pero no siempre esa presencia está explícitamente manifestada. Jesús hizo una promesa que podemos experimentar sensiblemente, su presencia entre nosotros. Dijo: “Donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos” (Mt. 18,20) Cuando nos amamos como Jesús nos enseñó, atraemos su presencia entre nosotros. Ya experimenté esta presencia y sus frutos, innumerables veces junto con mis compañeros de camino. La presencia de Jesús en medio nuestro, no es solo un objetivo, es el punto de partida: debemos hacer todo con Él entre nosotros. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento