Dios lo mantenga vivo en nuestro corazón. Él, Sumo Dador, lo ha puesto en la naturaleza. Y todo funciona así: el árbol, el río, la flor, el sol... Somos para los demás, dadores. No acumular o, peor, quitar (la fama, por ejemplo, ¡es diabólico!) (Padre Manolo Morales o.s.a.).
El deseo de donar nace de un corazón que es sensible al amor y a las necesidades del prójimo. Quien aprende a salir de sí mismo descubre que la verdadera alegría no reside en acumular, sino en compartir. Dar es más que ofrecer bienes materiales; es entregar tiempo, atención, escucha, cariño, comprensión y esperanza.
Jesús nos enseñó que hay más felicidad en dar que en recibir (cf. Hch. 20,35).
La persona generosa comprende que todo lo que posee es un don de Dios y puede compartirlo con los hermanos y hermanas.
Abrazos,
Apolonio Carvalho Nascimento
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