Se trata de poner "el barquito" en esa dirección: la unión con Dios, trabajar con Él, amar, cumplir con perfección nuestros deberes... Se torcerá el "barco" y volveremos a enderezarlo. No pasa nada. Todo forma parte de la travesía. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Incluso en situaciones donde faltan respuestas, la oración mantiene la esperanza y renueva las fuerzas para seguir adelante.
“Perseveren en la oración” (Col. 4,2). Esta perseverancia no significa rezar solo en los momentos difíciles, sino cultivar una relación constante con Dios.
La dedicación a la oración no cambia inmediatamente las circunstancias que nos rodean, pero sí cambia la manera en que afrontamos cada situación.
Incluso en unos pocos minutos de silencio y sinceridad, la oración puede iluminar nuestro día.
Abrazos,
Apolonio Carvalho Nascimento