"Procuremos concentrarnos en vivir el mandamiento más cercano al corazón de Jesús: el amor al prójimo. [...] Además, podemos considerar el respeto que debemos a las ideas, la mentalidad y, especialmente, a la reputación de nuestro prójimo, evitando las habladurías que podrían dañarla.Chiara Lubich.
Tal vez nos ayude, en tertulias de familia y amigos, recordar y asumir la inscripción que tenía grabada San Agustín en una de las paredes del comedor: "El que es amigo de roer vidas ajenas, no es digno de sentarse a esta mesa". (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Hablar es natural, pero hablar en exceso, sin contenido o de forma impulsiva, puede alejarnos de lo esencial. A menudo, el chismorreo surge de la ansiedad por llenar el silencio, de la necesidad de aprobación o del deseo de parecer importante. Evitar los chismes no significa callar, sino aprender a dar valor a la palabra. La palabras reflexivas edifican, consuelan y guían; las palabras irreflexivas confunden, hieren y dispersan. El silencio, a su vez, no es ausencia, sino un espacio para escuchar. Quien cultiva el silencio interior aprende a hablar con más verdad y caridad. Evitar los chismes significa elegir menos palabras y más significado; menos prisa y más profundidad. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
Por ejemplo, no agobiándose por lo que hay que hacer después. Cada cosa a su tiempo. Así se vive más en presencia de Dios, que "nos hace vivir tranquilos". Y damos más importancia a lo que somos que a lo que hacemos. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Vivir el presente es un verdadero entrenamiento diario de atención y humildad. Es aprender a estar plenamente presente donde estás, sin dejar que el pasado nos aprisione en la culpa, o que el futuro nos robe la paz con excesivas preocupaciones. Entrenarse para vivir el presente no significa ignorar planes o recuerdos, sino, no permitir que dominen el corazón. Es percibir la belleza del momento sencillo, agradecer por lo que se tiene, incluso cuando parece poco. Cuando elegimos vivir el presente, la vida adquiere profundidad en su verdadero significado. El tiempo deja de ser algo pasajero y se convierte en un espacio de encuentro, ya sea con nosotros mismos, con los demás y con Dios, que siempre se manifiesta en el momento presente. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
"La pobreza, fruto del amor, se convierte en fuente de amor: al estar vacíos de nosotros mismos y, por tanto, libres, podemos alojar plenamente, sin reservas, la voluntad de Dios y acoger a todo hermano o hermana que encontremos. A quienes viven así la pureza de corazón y la pobreza de espíritu, Jesús les garantiza el reino de los cielos." Chiara Lubich.
Al crearnos, Dios puso su propia voz en nuestra conciencia. Es cuestión de sensibilidad y suma atención y calma para escucharla. Será siempre como la brújula que pone orden y concierto, virtud, bondad y unidad en nuestra vida. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Acoger la voluntad de Dios no es resignarse pasivamente, sino confiar activamente. La voluntad de Dios se acoge en el silencio del corazón, donde la prisa da lugar a la escucha. Acoger la voluntad de Dios no significa ausencia de dudas. Significa, sobre todo, permitir que Dios nos guíe, incluso cuando el paso es lento y el horizonte parece lejano. Cuando acogemos la voluntad de Dios, aprendemos a transformar las expectativas en entrega total y transformar el deseo de control en fe. Con este gesto de confianza en Dios, encontramos paz. No porque todo esté resuelto, sino porque sabemos en quién depositamos nuestra esperanza. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
Lo comprobamos cada día. Cuando se nos enfría el amor, desfallecen las energías y todo se ve más oscuro. Es como si se nos parase el motor de la vida. No. La mirada de Dios es un aliento constante, y la amistad y el afecto fraterno nos lo recuerdan. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
La frase de Virgilio, “El amor lo vence todo” (Omnia vincit amor), expresa la idea de que el amor posee una fuerza superior a cualquier obstáculo humano. Para el poeta, el amor es capaz de superar dificultades, ir más allá de los límites y transformar realidades que, según la lógica común, parecerían imposibles de cambiar. Este pensamiento revela que el amor es poderoso: mueve voluntades, inspira sacrificios y sostiene la perseverancia. Por lo tanto, la frase de Virgilio, poeta de la antigua Roma, sigue siendo relevante porque nos recuerda que, por encima del poder, el miedo o la fría razón, el amor sigue siendo la fuerza más profunda y transformadora de la experiencia humana. Su frase tiene mucha relación con el mensaje de Jesucristo, quien nació tan solo 19 años después de su muerte. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
Porque no es lo que decimos o lo que hacemos; son esas ganas del corazón, ese impulso nuevo que hemos de poner siempre, si no queremos que el amor sea una rutina. Y no olvidemos la fuente, que "el amor es de Dios". (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Amar al prójimo es una actitud que pide creatividad. El amor se revela en la sensibilidad para percibir lo que el otro necesita y en la disposición a actuar de forma sencilla pero verdadera. Ser creativo en el amor es encontrar nuevas maneras de cuidar, escuchar, ofrecer presencia, respetar límites y tender una mano en el momento oportuno. Es comprender que cada persona siente, sufre y espera de forma única, y que amar es adaptar el corazón a esta diversidad. Cuando somos creativos en amar, transformamos lo cotidiano en un espacio de acogida. El amor deja de ser automático y pasa a ser intencional, apropiado para cada persona. El amor nos prepara para la vida eterna, cuando será intenso e infinitamente creativo. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
Las dificultades que vivimos en el transcurso de la vida, no tienen por qué ser trabas insalvables, sino la sencilla confirmación de la precariedad del camino y la oportunidad de crecer humildes y ayudarnos mutuamente. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Los obstáculos que se presentan en nuestro camino no solo existen para detenernos, sino para impulsarnos. Cada dificultad conlleva una lección, cada desafío encierra la oportunidad de hacernos más fuertes, más conscientes y más preparados para lo que viene después. Cuando vemos el obstáculo como un trampolín, cambiamos la perspectiva: el problema deja de ser un fin y se convierte en un medio. Es en el esfuerzo por superar los obstáculos donde maduramos la fe y fortalecemos la esperanza. No progresamos en la vida por la ausencia de obstáculos, sino por el valor de enfrentarlos. Así, cada obstáculo superado nos eleva un poco más, sostenidos por la fe en Dios y la esperanza. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
"Si somos capaces de confiar en Dios en las situaciones cotidianas de la vida, Él nos dará la fuerza para confiarnos a Él en los momentos más difíciles. (...) Procuremos vivir así, no por nuestro propio interés ni porque así Dios nos muestre sus planes y recibamos su consuelo, sino únicamente por amor a Él. Veremos entonces cómo confiarnos totalmente a Él es una fuente de luz y de paz infinita para nosotros y para muchas otras personas." Chiara Lubich.
La mirada atenta de Dios y su manera de pensar no se limitan a momentos "religiosos"; como si el resto de las horas pudiéramos vivir con criterios puramente humanos. No. Dios es confiable todo el día y su pensar aplicable a nuestras cosas todas. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Confiar en Dios es caminar sin tener todas las respuestas, sostenidos por la certeza de que no estamos solos. La confianza nace cuando entregamos el control en sus manos y aceptamos que hay un tiempo más grande que el nuestro. Confiar en Dios es descansar el corazón, incluso cuando la mente insiste en preocuparse. Es aprender que la fe no elimina los miedos, sino que nos da la valentía para seguir adelante a pesar de ellos. Confiar en Dios es una decisión diaria: elegir creer, elegir esperar, elegir avanzar, sabiendo que Él cuida de cada detalle. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
Esa "proximidad", el sentirnos siempre cercanos afectivamente, es el mayor deseo de Dios. Como si nos dijera: "Quereos entrañablemente, jamás os tratéis con dureza, sufrid juntos las penillas, y juntos alegraos de vuestros gozos. ¡Sed una familia!". (Padre Manolo Morales o.s.a.).
La proximidad crea el verdadero sentido de familia no porque elimine las diferencias, sino porque nos enseña a convivir con ellas. Es en la vida cotidiana compartida, en los gestos sencillos y la presencia constante que se fortalecen los lazos. La familia no es solo lo que se hereda por la sangre, sino lo que se construye a través de la convivencia, el cuidado mutuo y la disposición de estar juntos, incluso cuando es difícil. La proximidad transforma nuestras relaciones, que perduran más allá del tiempo y del espacio. En la familia natural, entre amigos, en la comunidad, cuando el amor recíproco se vive intensamente, la proximidad es testimoniada en la práctica diaria. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
Al hablar de creación, no pensemos solo en el medio ambiente, los bosques, los ríos... La creación es un proyecto de Dios en que estamos implicados: es tarea nuestra dejar responsablemente en este mundo frutos de belleza, de amor, de bondad... (Padre Manolo Morales o.s.a.).
La naturaleza es un don precioso, señal del cuidado y la sabiduría de Dios, y cada ser creado lleva en sí un valor que va más allá de su utilidad.
Cuando cuidamos de la Creación, expresamos gratitud y responsabilidad. Pequeñas acciones: evitar el desperdicio, respetar la vida, utilizar los recursos conscientemente, se convierten en gestos de amor que protegen el presente y garantizan el futuro. La degradación ambiental a menudo refleja, muchas veces, también una falta de cuidado con el prójimo. Salvaguardar la Creación es un compromiso ético y espiritual. Es comprender que todo está interconectado y que nuestras decisiones impactan a las generaciones futuras. Al cuidar la creación, colaboramos con Dios y, a través de nuestras acciones, damos testimonio del respeto por la vida en todas sus formas. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
No son casualidades, empezando, claro, por las de la familia. Pero todas ellas son providenciales. Dios las ha querido para mejor crecer juntos, apoyarnos... Las circunstancias y las posibilidades luego nos dicen cómo mantener ese cuidado. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Las relaciones no se sustentan únicamente por el afecto inicial o por la convivencia diaria, sino por el cuidado constante y el respeto mutuo. Cuando nos esforzamos por comprender al otro, aprendemos a hablar con más amabilidad, a actuar con más paciencia y a perdonar con más generosidad. Cuidar es hacer más allá de lo mínimo: es estar presente, valorar, corregir con amor, así como reconocer los propios defectos. Las relaciones bien cuidadas se convierten en una fuente de crecimiento y exigen tiempo, humildad y disposición para empezar de nuevo tantas veces como sea necesario. Al cuidar las relaciones, construimos vínculos más genuinos y reflejamos, en la vida diaria, el amor mutuo que Jesús nos enseñó a vivir. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
¿No sería eso lo primero que tendríamos que hacer cada amanecer? ¿Y lo mismo al acabar el día? No es bueno descuidarlo, porque el peligro es vivir pensando que todo nos es debido. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
La gratitud a Dios nace cuando aprendemos a reconocer sus dones en las pequeñas dádivas del día a día: la vida, la salud, la fe, la familia, el trabajo e incluso las pruebas. Agradecer a Dios es un acto de humildad, pues reconocemos que no caminamos solos y que todo lo que tenemos es gracia recibida. Cuando cultivamos un corazón agradecido, nuestra perspectiva cambia: lo que antes parecía faltar, da lugar al reconocimiento de lo que ya se nos ha concedido. Incluso en tiempos difíciles, la gratitud fortalece la esperanza y nos acerca a Dios. Ella nos enseña a confiar, a perseverar y a comprender que sus dones son inagotables. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
Dios ama así. Somos sus criaturas. Infinitamente bondadoso y paciente, sabe aplicar a nuestras maldades, no solo la misericordia, también, en su momento, la justicia. ¿Y nosotros? Él puede ensanchar nuestro corazón a la medida del suyo. Y asombraremos al mundo, porque desconoce ese amor. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Amar a todos es uno de los mayores desafíos, porque somos selectivos con quién creemos que merece nuestro amor. Amamos con facilidad a quien nos agrada, a quien piensa como nosotros y quien nos retribuye. Sin embargo, el amor verdadero comienza cuando trasciende estos límites y alcanza también a quien nos hiere, a quien no está de acuerdo, a quien es diferente. Amar a todos no significa estar de acuerdo con todo ni aceptar las injusticias. Significa comprender que el amor no distingue entre las personas, incluso cuando sus actitudes nos decepcionan. Cuando amamos a todos, eliminamos el peso del rencor de nuestro corazón. El amor deja de ser solo un sentimiento y se convierte en una práctica de compasión y misericordia. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
No se trata de un pensamiento hermoso con que iniciar el día. Comportará la atención a los demás, la renuncia en ocasiones a lo que me gustaría, para hacer aquello que dicta el amor en esa circunstancia. Y me sentiré libre, y seré feliz. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Cuando basamos nuestras elecciones en el amor, nuestras decisiones tienen un significado más profundo. Elegir a partir del amor no significa actuar según emociones pasajeras, sino dejarnos guiar por un bien mayor: el amor verdadero, que ilumina nuestra conciencia y nos ayuda a distinguir lo que une de lo que divide. El camino del amor es más exigente que el del egoísmo o de la indiferencia. Requiere renuncia, escucha, paciencia y, a veces, silencio. Pero es precisamente este amor, vivido en decisiones concretas, el que genera paz interior y siembra esperanza a nuestro alrededor. Que, delante de cada decisión, podamos preguntarnos: ¿esto viene del amor? Si la respuesta es sí, aunque el camino sea estrecho, estaremos construyendo una vida más plena, fiel a lo más humano y divino que hay en nosotros. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
Esa imposibilidad de comunicar los propios sentimientos, de desahogarnos, de encontrar alguien que nos otorgue el amor de la escucha... es un dolor inhumano que nos llama. Y Dios quiera que no suceda en el seno de la propia familia ¡los abuelos! (Padre Manolo Morales o.s.a.).
La soledad, a menudo silenciosa, habita en corazones que permanecen invisibles entre la multitud. Hay personas que no piden ayuda, pero esperan un gesto, una mirada, una palabra que les diga: "Tú importas". Acercarse a quienes viven en soledad es un profundo acto de amor. Este encuentro comienza con la sensibilidad para percibir al otro y abrir un espacio de acogida. Cuando nos acercarnos a quien está solo, descubrimos que la verdadera comunión nace del encuentro, y que nadie debería cargar solo con el peso de sus angustias. Que hoy podamos tener ojos atentos y corazón disponible para ir al encuentro de quien vive en soledad, convirtiéndonos en faros de luz donde hay silencio y ausencia. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
Es la ley básica de nuestra convivencia en familia y en cualquier ambiente. Para ello, nuestra disponibilidad para servir y compartir, comprensión, paciencia... Y el fruto hermoso será la renovada presencia de Dios. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
El amor mutuo se revela, sobre todo, en las acciones concretas del día a día. Nos amamos cuando salimos de nosotros mismos, percibimos uno al otro y actuamos por el bien común, incluso cuando esto requiere esfuerzo, paciencia o sacrificio. Cuando vivimos el amor mutuo, nos convertimos en signos vivos de lo que creemos, y testimoniamos eso. El mundo no se transforma con grandes discursos, sino con personas que deciden amar concretamente, comenzando desde donde están y con quienes viven. Que podamos vivir hoy el amor mutuo con gestos concretos, haciendo de él una fuerza que une y renueva corazones. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
Margaret Karram nos acompaña en un viaje interior, espiritual, que no descuida los eventos personales y los que ha tenido que afrontar como presidenta del Movimiento de los Focolares, en el que nos hace partícipes de sus viajes a países lejanos… pero también de su viaje al corazón de la Iglesia… Su redacción esencial, clara y cálida nos permite conocer su personalidad, las motivaciones de sus opciones y la brújula que la orienta. Sin embargo, ella se hace a un lado para poner el foco en lo que realmente le importa: las personas, las relaciones auténticas, el milagro del diálogo entre sujetos y pueblos distantes pero con el mismo adn como hijos de Dios… A medida que se avanza en la lectura, crece la conciencia de que todos estamos llamados a la cercanía, y la liberadora convicción de que este estilo de vida proporciona alegría y construye el camino hacia un mundo más cohesionado. A todos los que lean este libro les deseo que se dejen desafiar por la autora y emprendan este viaje multidimensional. Es un recorrido hacia dentro, hacia fuera y hacia lo Alto, para captar su invitación a ponerse en juego en el encuentro con los demás, dejándoles espacio y abriendo las puertas a una Presencia silenciosa pero siempre revolucionaria, la del Rey de la Paz. Del prólogo del Card. Pierbattista Pizzaballa Patriarca de Jerusalén de los Latinos
¡Con alegría! Es el valor de lo que se da y el corazón (la alegría) que ponemos. Dar incluso el hecho de no poder dar. Ofrecerlo. Es un sacrificio que Dios valora, amor puro, sin gratificaciones. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
“Dios ama al que da con corazón alegre” (2 Cor. 9,7) Dar con alegría es comprender que el valor del regalo no reside en el tamaño de lo que se da, sino en el amor con que lo se entrega. Cuando un regalo nace de un corazón libre, el se transforma en bendición para quien lo recibe y paz para quien lo da. La alegría de dar revela la confianza de que nada nos falta cuando compartimos y de que Dios multiplica lo que se ofrece con sinceridad. Que aprendamos a dar tiempo, atención, escucha, perdón y también bienes materiales, siempre con un corazón agradecido. Así, dar se convierte en un gesto de amor que fortalece la fraternidad. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
Que no nos habituemos ni dejen de dolernos las imágenes y las noticias que nos llegan de la guerra, el hambre, la emigración.... Nuestra compasión es amor fecundo que llega como plegaria al cielo, y, Dios quiera, a muchos corazones. (Padre Manolo Morales o.s.a).
Ser compasivos es permitir que el corazón se acerque al dolor del otro. La compasión nace cuando reconocemos que todos llevamos dificultades y sufrimientos, a veces invisibles, y que un simple gesto puede aliviar una enorme carga. Ser compasivo exige humildad: reconocer que también somos frágiles y necesitados de misericordia. Cuando miramos al prójimo con esta comprensión y esa sensibilidad, nuestras palabras se vuelven más amables, nuestras actitudes más pacientes y nuestras decisiones más humanas. La compasión rompe las barreras de la indiferencia, sana las heridas internas y nos acerca al amor que Dios nos enseña a vivir cada día. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
Las pruebas son como los exámenes.. Es preciso aprobarlas, a ser posible, con nota.. Son el precio de nuestra madurez y nuestra purificación,. Pero tranquilos. Lo nuestro es un camino de esperanza,. Y "la esperanza no defrauda". (Padre Manolo Morales o.s.a).
Las dificultades de la vida a menudo nos llevan al límite de nuestras fuerzas, pero es precisamente en estos momentos que somos invitados a seguir adelante, sostenidos por Dios. Cuando todo parece pesado, perseverar es seguir haciendo lo que es correcto, amando cuando es más difícil, rezando incluso cuando el corazón está cansado. Las pruebas pueden convertirse en un camino de madurez interior y fortalecimiento espiritual. Dios no promete un camino sin obstáculos, sino que garantiza su presencia constante. Cada paso perseverante, por pequeño que sea, es visto por Él, que transforma el sufrimiento en esperanza. Así, aprendemos que la fe no es la ausencia de lucha, sino la valentía de permanecer firmes, confiando en que, a su debido tiempo, Dios hará brotar nueva vida donde parecía haber solo dolor. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
No sirve lamentarnos cuando vemos que en nuestras sociedades esas leyes no se cumplen. Sirve convertir ese lamento en oración (¡es nuestro mundo!), ser nosotros fieles, y "predicar" unidos con el ejemplo. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Las leyes divinas existen para guiar el corazón humano hacia el bien, la justicia y el amor. Ellas no nos aprisionan ni nos restringen; al contrario, nos liberan, porque nos apartan del egoísmo y nos conducen a la verdadera felicidad. Cuando respetamos las leyes de Dios, aprendemos a servir más que a dominar, a amar más que a juzgar. Cada mandamiento se convierte en una invitación diaria a la conversión interior, ayudándonos a alinear nuestros pensamientos, palabras y actitudes con el plan de Dios. Respetar las leyes de Dios, por tanto, es un acto de amor. Es responder a su cuidado con fidelidad, permitiendo que Él transforme nuestra vida en una señal de esperanza y luz para los demás. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
Vamos a empezar modestamente por lo que tenemos cerca. ¿No es verdad que el roce diario de la convivencia deja ver en todos nosotros algún lado menos simpático? Sí, pero sabe el corazón que no amamos simpatías sino personas. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Ver a todas las personas con nuevos ojos es permitir que el corazón vuelva a aprender a ver con las enseñanzas del amor fraterno. Tener nuevos ojos no significa negar la realidad, sino negarse a ser prisionero del prejuicio y de la indiferencia. Cuando miramos a alguien con nuevos ojos, descubrimos que detrás de un gesto duro puede haber cansancio, que detrás del silencio puede haber un dolor oculto, e incluso un profundo deseo de ser amado y comprendido. Tener nuevos ojos es recordar que nadie es solo su pasado, sus errores o su apariencia. Cuando vemos a los demás con más bondad, algo dentro de nosotros también mejora. El mundo no cambia de repente; sin embargo, cambia cada vez que alguien es visto con respeto, paciencia y esperanza. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
La llevaremos solo si la cuidamos y cultivamos permanentemente en la mente y el corazón. Vernos todos como hermanos y hermanas, hijos de un único Padre, es tan revolucionario que solo con la gracia de Dios lo conseguiremos. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Llevar fraternidad donde hay división es elegir el camino más difícil y, quizás, el más necesario. La división surge cuando el otro deja de ser visto como persona y se reduce a una idea, un error o un rótulo. La fraternidad comienza con el movimiento exactamente opuesto: mirar de nuevo, con más profundidad, y descubrir que somos hermanos. Ser fraterno no se trata de estar de acuerdo con todo ni de borrar las diferencias. Es reconocer que, antes de cualquier opinión, hay una dignidad que no se pierde. La fraternidad no gana discusiones; reconstruye relaciones. Quizás no podamos unir a todos. Pero cada gesto fraterno, por pequeño que parezca, debilita la división. Con la fraternidad, no solo construimos un mundo mejor, sino que anticipamos la vida de Dios Padre entre sus hijos e hijas. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
No perdemos tiempo cuando paramos nuestra "carrera" para hacer esa llamada, escribir ese mensaje, hacer esa visita que conforta. La nuestra es una carrera de amor. En ella Dios "ensancha nuestro corazón" y la libertad de nuestro tiempo. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Nos apresuramos a cumplir tareas, responder mensajes, resolver problemas, y en este movimiento constante, a menudo pasamos junto a personas sin verlas realmente. Detenerse no es perder el tiempo. Es crear espacio interior. Al detenernos, silenciamos el ruido interior y exterior, y solo entonces podemos percibir el dolor que no es expresado, la mirada cansada, el pedido de ayuda disfrazado de conversación común. El consuelo no comienza con las palabras adecuadas, sino con la presencia genuina. Para eso, es necesario interrumpir nuestra agenda, nuestro ritmo, nuestro ego. Detenerse también nos hace más humanos. Quien acepta que también necesita pausas comprende mejor a quien necesita apoyo. Así, consolar al otro se convierte en un acto de comunión. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
El libro del Apocalipsis cierra el Nuevo Testamento. No es un texto fácil. El título significa revelación, y el autor quiere dar a entender las cosas últimas, el retorno de Jesús a la tierra, la derrota definitiva del mal y el surgimiento de un cielo nuevo y una tierra nueva.
En los años 81-96 d. C. hay persecuciones, y el clima de las comunidades cristianas es de miedo: ¿qué será de nosotros y del mensaje que se nos ha encomendado? ¿Por qué Dios no interviene?
En estas circunstancias, el autor es mandado al exilio por los romanos, a la isla de Patmos. Aquí tiene visiones y recibe la orden de escribirlas.
«Mira que hago nuevas todas las cosas»
El libro del Apocalipsis quería dar esperanza a las comunidades: a pesar de que el presente es difícil y el futuro incierto, al final el bien triunfará y Dios hará nuevas todas las cosas.
También hoy, «hay muchas tragedias, noticias tristes antes ante las cuales corremos el riesgo de acostumbrarnos. […] Pero hay un Padre que llora con nosotros; que llora lágrimas de infinita y piedad por sus hijos… Un Padre que nos espera para consolarnos porque conoce nuestros sufrimientos y nos ha preparado un futuro distinto. Esta es la gran visión de la esperanza cristiana, que se dilata todos los días de nuestra existencia y nos quiere levantar»[1].
«Mira que hago nuevas todas las cosas»
No podemos saber cuándo ni cómo sucederá esto, y es inútil querer indagar. Pero es seguro que ocurrirá.
«Las páginas finales de la Biblia nos muestran el horizonte último del camino del creyente: la Jerusalén del Cielo, la Jerusalén celestial, imaginada ante todo como una inmensa tienda en la que Dios acogerá a todos los hombres para habitar definitivamente con ellos (Ap 21, 3). Y esta es nuestra esperanza. Y ¿qué hará Dios cuando por fin estemos con Él? Tendrá una ternura infinita con nosotros, como un padre que acoge a sus hijos que durante mucho tiempo se han esforzado y han sufrido. «Esta es la morada de Dios con los hombres […] Él enjugará toda lágrima de sus ojos, y no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado […] ¡Mira que hago un mundo nuevo!» (21, 3-5). ¡El Dios de la novedad!»[2].
«Mira que hago nuevas todas las cosas»
¿Cómo vivir la palabra de vida de este mes?
«Esta nos asegura que nos encaminamos hacia un mundo nuevo que preparamos y construimos ya desde ahora. O sea, es todo lo contrario de una invitación a despreocuparnos y huir del mundo. De hecho Dios quiere renovarlo todo: nuestra vida personal, la amistad, el amor conyugal, la familia; quiere renovar la vida social, el mundo del trabajo, la educación, la cultura, el tiempo libre, la sanidad, la economía, la política…, en una palabra, todos los sectores de la actividad humana. Pero para ello necesita personas que dejen vivir en sí misma su Palabra que sean su palabra viva otro Jesús en sus ambientes»[3].
Alice, una joven cristiana, comprendió que seguir su vocación requería un cambio profundo para permitir a Dios actuar plenamente en su vida y hacerla nueva. Como un don inmenso, tuvo la oportunidad de vivir una experiencia en la India. Allí saboreó una alegría auténtica y se sintió inmersa en la gracia de Dios, incluso en los momentos difíciles. Dedicó sus días a la oración, a la vida comunitaria y al servicio del voluntariado. Los niños del orfanato la impresionaron profundamente: aún sin poseer nada, mostraban un entusiasmo increíble y le enseñaron mucho de la vida. No fue un simple viaje, sino una peregrinación, un camino a base de «subidas y bajadas», en el que tuvo que «vaciar la mochila» y se encontró enriquecida y liberada
Augusto Parodi Reyes y el equipo de la Palabra de vida
[1]Francisco, Audiencia general, 23,08, 1917: Llamados a sembrar esperanza, Ciudad Nueva, Madrid 1917, pp. 154-155.
Es sabia la frase atribuida a Francisco de Sales: "se cogen más moscas con una gota de miel que con un barril de vinagre". La acritud y la ira es debilidad que aleja; la mansedumbre y la amabilidad es fuerza que acerca, une y construye. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Ser manso no es ser débil. Es tener la fuerza suficiente para no tener que demostrarle nada a nadie. La mansedumbre nace del autocontrol: de la capacidad de elegir el silencio, cuando el orgullo exige una respuesta; de ofrecer paz, cuando el entorno pide confrontación. El manso siente el dolor, percibe la injusticia, pero decide no devolver con la misma moneda, tal como lo hizo Jesús. Ser manso es caminar con firmeza y un corazón tranquilo. Es saber quién eres, sin necesidad de alzar la voz. Es confiar en que no todas las batallas deben librarse para ganarse. En un mundo ruidoso, la mansedumbre es resistencia. En tiempos de prisa, es sabiduría. Y, a menudo, es en la mansedumbre donde se revela la verdadera fuerza. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
Es una conquista de fe y humildad y una gracia del cielo adquirir un contacto vivo con Dios que nos permita confiar que todo lo malo nuestro se quema en su corazón de Padre. Y si le tememos, que no sea un temor servil, sino como se teme a un Padre. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
El temor surge cuando nos sentimos solos, amenazados o inseguros. Sin embargo, el amor nos recuerda que no caminamos solos. Cuando acogemos el amor de Dios en nuestro corazón, el miedo pierde fuerza, porque descubrimos una presencia fiel que nos sostiene, guía y protege. El amor vence al temor no negando las dificultades, sino dándoles sentido. Nos enseña a confiar incluso cuando no vemos el camino completo. Donde hay amor, el miedo no prevalece. Vivir en el amor es elegir la valentía que nace de la fe. Es permitir que el amor sea más fuerte que la inseguridad. En el amor encontramos libertad, esperanza y una vida plena. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
Aunque nadie está exento de momentos de duda y desánimo, el alma humana tiene un ancla "segura y firme" que penetra en el corazón de Dios. Aferrados a ese gran amor, aprendemos a querernos a nosotros mismos, a confiar en la vida, a recuperarnos. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Permanecer anclados en el amor es saber que tenemos una base firme. El verdadero amor, el que viene de Dios, no es un sentimiento, sino una decisión diaria de confiar, servir y permanecer fiel. Como un ancla lanzada en aguas profundas, nos sostiene en las tormentas e impide que seamos llevados por el miedo, por la prisa o por el desánimo. Anclarse en el amor es aprender a permanecer cuando sería más fácil huir; es escuchar cuando el silencio incomoda; es perdonar siempre. Cuando permanecemos anclados en el amor, nuestras acciones tienen raíces profundas. Que hoy podamos lanzar nuestro ancla en el amor y vivir a partir de él, con fidelidad, mansedumbre y valentía. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
No es mérito nuestro tener fe; es, sí, una gran responsabilidad. Porque esa fe, en medio de tanta confusión, es luz, claridad de la verdad. Y, porque "se cree con el corazón", el amor limpia la mirada para querer a este mundo como Dios lo quiere. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
En un mundo marcado por la incertidumbre, los gestos sencillos de bondad, escucha y perdón se convierten en señales concretas de esperanza. La luz no hace ruido; simplemente brilla. Así también es, el testimonio silencioso de quien vive el amor en lo cuotidiano, sin esperar reconocimiento. A menudo, ser luz es permanecer firmes en la fe cuando todo parece confuso, es amar cuando el egoísmo se impone, es confiar cuando el miedo intenta dominar. Cristo es la Luz que nunca se apaga. Al acogerlo en el corazón, somos llamados a reflejar esta luz a los demás, especialmente para aquellos que caminan en el dolor, en la soledad o en el desánimo. Que podamos elegir ser luz, con humildad, constancia y amor. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
Le dice la mamá al bebé un borbotón de palabras que él no entiende; pero reacciona, sonríe feliz, entiende el amor. Nos habla Dios por las personas, las circunstancias..., muy vivamente por el dolor (¿será porque ahí nos hacemos como niños?) (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Acoger la Palabra de Dios es permitir que ella habite en nuestro corazón. Cuando nos abrimos humildemente a escuchar lo que Dios nos dice, la Palabra ilumina nuestras decisiones, nos consuela en las pruebas y guía nuestros pasos cada día. La Palabra de Dios no llega para acusar, sino para transformar. Ella pide silencio interior, atención y disponibilidad. A menudo, acoger la Palabra significa dejar que cuestione nuestras certezas, sane nuestras heridas y nos llame a comenzar una nueva vida. Que cada día, podamos guardar la Palabra en nuestro corazón, como lo hizo María, y dejarla fructificar en actos de amor, especialmente cuando amar se vuelve difícil. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
Ni castigarnos por los fallos del pasado, ni angustiarnos por las previsibles dificultades del futuro. Dios camina con nosotros en el presente. Y es en esa realidad donde encontraremos siempre el equilibrio y el sabor de la vida. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Cada momento, incluso sencillo o silencioso, tiene un valor sagrado que debe vivirse con solemnidad y entrega. No se trata de rigidez, sino de reverencia: estar plenamente presente donde uno está. La solemnidad del momento presente nace cuando cesan la prisa y la distracción. Es el corazón que se aquieta para acoger el ahora, sin huir al pasado ni perderse en las angustias del futuro. En este espacio interior, la vida habla y Dios se deja encontrar. En el momento presente, un gesto simple, cobra sentido, la palabra gana peso, el silencio deja de ser vacío. La solemnidad del momento presente es aceptar que este ahora, tal como es, es el lugar donde el amor puede ser vivido y ser testimoniado.
Une, lo primero, en matrimonio hasta hacer de los dos -hombre y mujer- "una sola carne". Gracias una y mil veces, Amor Creador, por nuestras familias. Bendícelas. Y conforta a las que sufren el desamor y la división. Las amamos. Es nuestra su herida. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
El amor tiene una fuerza silenciosa, pero profundamente efectiva: une. Une corazones diferentes, historias y caminos que parecían distantes. Donde hay amor, la división cede terreno y nace la comunión. Amar es reconocer a un hermano en el otro. Es mirar más allá de las diferencias y descubrir que lo que nos une siempre es más grande que lo que nos separa. El amor no anula la diversidad, sino que la armoniza. No exige uniformidad, sino comunión. Es así que se forman los vínculos verdaderos. El amor une porque tiene su origen en Dios, que es comunión perfecta. Al amar, participamos de este misterio de unidad y nos convertimos en instrumentos de paz en el mundo. Que nuestras palabras, gestos y decisiones sean signos de este amor que une y da origen a un “nosotros” donde antes solo había un “yo”. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
Para que no nos falte la luz. Porque el amor es luz y es necesaria. Nuestro amor "difícil" entonces se revestirá de más humildad, buscará la ayuda de Dios, se sentirá pobre, incapaz... Y no hará falta ser héroes. Amamos como somos. Sencillamente. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
El desafío de amar surge cuando el amor exige más que sentimientos: cuando exige decisión y paciencia. Amar, incluso cuando es difícil, es permanecer abierto cuando la voluntad es cerrarse y aislarse del mundo; es escuchar cuando el cansancio aparece ; es perdonar no porque el otro lo merezca, sino porque el amor libera a quien perdona. Hay días en que amar significa silencio respetuoso. En otros, firmeza serena. A veces, amar es dar un paso atrás para no herir; otras veces, es dar un paso adelante para no abandonar. Amar así nos acerca al corazón de Dios, que ama incondicionalmente, sin cálculos, sin rendirse. Cuando elegimos amar a pesar de la dificultad, nos convertimos en signos vivos de esperanza en un mundo tan a menudo marcado por la indiferencia. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
A pesar de tanto Mal como parece imponerse en nuestro mundo, Dios está infundiendo el Bien por caminos que vemos y no vemos. Decirle a Dios "aquí estoy" (cada vida nuestra es una llamada) es engancharnos en esa Obra. Y el Bien vencerá. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Repetir "Aquí estoy" no es decir algo nuevo, sino renovar un compromiso. Es reconocer que, incluso con límites, cansancios y fragilidades, el corazón desea permanecer disponible. Cada vez que se pronuncia esta frase, ella nace de un modo más auténtico, purificado por las experiencias vividas. Decir "Aquí estoy" es confiar y aceptar que el llamado de Dios se revela paso a paso, a menudo en la normalidad del día, en los pequeños gestos de fidelidad y amor. No es una promesa de perfección que le hacemos a Dios, sino de presencia. Al repetir "Aquí estoy", aprendemos que la respuesta no depende de nuestra fuerza personal, sino de la gracia que nos sostiene. Dios solo pide disponibilidad. Y en esta simple disponibilidad, Él logra lo que supera nuestros cálculos. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
Para mirar dentro de nosotros. Habrá, por ejemplo, cosas que me están haciendo daño, o me preocupan.... Necesitan que las asumamos y le pongamos luz. Dios, que es "interior", nos ilumina. No tenemos por qué vivir a oscuras, a lo que vaya saliendo. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
El recogerse no se trata de escapar del mundo, sino de crear un espacio interior donde el alma pueda respirar. En medio del ruido de las urgencias, el retiro es un gesto fundamental: silenciarse para escuchar la voz interior, detenerse para discernir, vaciarse para dejarse llenar por Dios. Cuando nos recogemos, nos damos cuenta de que muchas inquietudes nacen de la distracción. El corazón, entonces reencuentra su rumbo. En el silencio, aprendemos a reconocer lo esencial y a confiar. El recogerse es volver a la fuente. Es permitir que el amor de Dios nos reorganice por dentro, para que, al salir de nuevo al encuentro de los demás, llevemos paz y presencia. Que el recogimiento no sea solo un momento, sino una actitud interior duradera. Que sea un caminar atento y enraizados en Dios. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
Serán demostraciones mínimas las mías, insignificantes, pero que, hechas con el corazón, dicen el amor. Y creer en el amor -"que es de Dios"- es lo que salva de la desesperanza y el sin sentido. No somos huérfanos. Dios es nuestro Padre. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Dar testimonio de Dios Amor es permitir que Su amor se haga visible a través de nuestras vidas. El compromiso con este testimonio, comienza en el corazón, cuando elegimos vivir de modo coherente con aquello en que creemos. Este testimonio se manifiesta en la paciencia, en el perdón ofrecido y en la solidaridad con quienes sufren. Cada gesto de cuidado, cada palabra, se convierte en una señal visible de que Dios es amor. Comprometerse en dar testimonio de Dios Amor es aceptar el desafío de amar como Él ama: de forma gratuita, fiel y abiertamente a todos. Para dar testimonio concreto, debemos ser amor, y así, la fe deja de ser sólo una convicción personal y se transforma en luz para los demás. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
Si, de una forma u otra, hemos hecho nuestro el ideal de la familia universal, todas las ocasiones nos parecerán pocas (un saludo, una felicitación, una palabra oportuna) para reavivar gozosamente nuestra red de relaciones. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
La apertura alegre a los demás nace de un corazón que no tiene miedo de entregarse. Es la actitud de quien se acerca con sencillez, no solo con la intención de entretener a los demás, sino de amarlos. La alegría, cuando se comparte, deja de ser un estado de espíritu personal y se convierte en un espacio común donde todos pueden respirar confianza y esperanza. Vivir una apertura alegre a los demás significa comprender que el amor debe ofrecerse sin reservas. Con una apertura alegre, la convivencia con todos se vuelve más ligera, más humana, y lo cotidiano, más luminoso. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
¿Nos contagia "el sentimiento tan intenso de inseguridad" que se vive hoy? El niño que juega tranquilo, seguro de la presencia de la madre, es la imagen en que Dios quiere que nos miremos. Su Amor nos envuelve; ojalá también nuestras relaciones. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Vivir el día a día con confianza significa aceptar el presente como el único lugar de encuentro con la vida. El momento presente, con sus alegrías y desafíos, es el tiempo que verdaderamente se nos ha dado. Confiar en el presente significa creer que, incluso en medio de la incertidumbre, todo lo que hacemos tiene sentido. Cuando vivimos con confianza el presente, el miedo al mañana, no nos paraliza. Cada día trae oportunidades de nuevos comienzos y de amor. Al vivir el momento presente con confianza, abrimos espacio a la serenidad y a la valentía necesarias para seguir adelante. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
Cuando amamos, lógicamente esperamos ser correspondidos. Es lo suyo. Pero puede no llegarnos esa correspondencia. Por eso, beber constantemente de la "fuente" que es Dios, el amor, evita desilusiones que paralicen el amor. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
El amor da sentido a las decisiones, ilumina nuestros caminos y transforma los gestos sencillos en señales de esperanza. El amor es una decisión diaria. Es elegir la paciencia en lugar de la prisa, el perdón en lugar del resentimiento, el cuidado en lugar de la indiferencia. Cuando amamos, ponemos al otro en el centro y reconocemos su valor. Todo lo que no nace del amor se vuelve vacío. El éxito sin amor cansa, las palabras sin amor hieren, las acciones sin amor dividen. El amor, por su parte, construye, sana y une. Es la verdadera medida de lo que hacemos y de lo que somos. Seremos recordados por todos, y sobre todo, por Dios, por el amor que transmitimos. Porque, por encima de todo, lo que vale es amar. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
Los cristianos de diversas iglesias y comunidades eclesiales tenemos la posibilidad de dar testimonio del Señor resucitado entre nosotros, en un mundo donde la mayoría de la gente no cree en Él . Esto cobra mayor relevancia durante este mes, cuando celebramos la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. Nuestro testimonio común nos acercará a la meta: «Que todos sean uno». Chiara Lubich.
¡Cuánto bien hace respirar esta onda de oración junto a millones de personas en todo el mundo! Que todo cuanto vivamos durante el día vibre con este sueño de Dios: que todos seamos una familia, que nos amemos y respetemos como hermanos. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Rezar por la unidad es reconocer que estamos llamados a caminar juntos. Cuando rezamos por la unidad, pedimos la gracia de superar divisiones, prejuicios y heridas que nos separan. La unidad no significa uniformidad. En la oración, aprendemos a acoger la diversidad como una riqueza y a buscar lo que nos une: el deseo común de paz, de justicia y de amor. Rezar por la unidad también nos compromete con actitudes concretas. Cada gesto de reconciliación, cada palabra que construye en lugar de herir, cada paso hacia el encuentro, se convierte en respuesta a la oración ofrecida. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
El proximo encuentro del Movimiento de los Focolares en Cádiz será el martes día 20 de enero a las seis y cuarto en el salón parroquial de la Iglesia de San Agustín de Cádiz, entrada por calle Rosario. Un encuentro abierto a todas las personas interesadas.
Cuando el aislamiento es una tentación egoísta. Pero si buscamos aislarnos para coger fuerzas - somos naturaleza- entonces estamos orientando nuestro descanso al bien común, a la comunidad, a la familia, que es donde Dios nos quiere. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
En una sociedad que a menudo valora solo el "yo", resistir al individualismo es un acto de conciencia y humanidad, animado por el amor. No ceder a esta lógica es reconocer que nadie crece solo y que el bien común fortalece a todos. Significa mirar más allá de los propios intereses, aprender a compartir, escuchar y cooperar. Cuando elegimos el camino de la solidaridad, descubrimos que la verdadera realización nace del encuentro, del cuidado mutuo y de la construcción colectiva de un futuro más justo y fraterno. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
Si esa es, aunque parezca lo contrario, la mayor aspiración de nuestro mundo, la unidad, quisiéramos que también lo fuera para nosotros. La convivencia (en casa, en la comunidad, en el trabajo) nos reserva constantes ocasiones para unir. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
En un mundo marcado por las diferencias, son los pequeños gestos los que construyen puentes invisibles entre las personas. La unidad no nace de grandes discursos, sino de la decisión diaria de respetar, acoger y cuidar. Cuando cada uno hace su parte, aunque parezca pequeña, el todo se fortalece. Así, los gestos sencillos suman y revelan una verdad esencial: la humanidad avanza hacia el bien cuando camina unida. Un mundo unido se construye a partir de pequeños gestos: de respeto en las palabras, de empatía en las actitudes y de solidaridad en las decisiones diarias. Es así, paso a paso, que la unidad deja de ser un ideal lejano y se convierte en un camino vivido por todos. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
Sobre todo, quienes nos consideramos creyentes, no olvidar nuestra parte más humana, conocernos, identificar lo que debe madurar en nosotros. Para que lo espiritual, lo religioso, se sustente sobre nuestra verdadera realidad, y no sea ficticio. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Trabajar por los valores es una decisión diaria, donde se revela nuestro carácter. Los valores auténticos guían el modo cómo tratamos a los demás, especialmente cuando ellos no tienen nada que ofrecernos a cambio. Es un llamado a la coherencia: actuar de la misma manera cuando nos observan y cuando nadie nos ve. Trabajar por los valores exige valentía, ya que a menudo significa ir contra la corriente del mundo, rechazar atajos fáciles y defender la verdad incluso cuando cuesta caro. Los valores vividos con sinceridad generan confianza y alimentan la esperanza en un mundo más justo. Trabajar por los valores es permitir que nuestras acciones hablen más que nuestras palabras, transformando la fe, la ética y el amor al prójimo en gestos concretos que dan sentido a la vida. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
Lo olvidaré; podré ignorarlo, incluso negarlo. Pero Dios me ha hecho así: en lo más íntimo de mi ser "habita" la verdad. Y no hay mayor "beneficio" para mí y para quien me rodea que la de ser coherente, fiel a esa verdad. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
La fidelidad se demuestra en las elecciones cotidianas: cumplir la palabra dada, respetar al otro, actuar con coherencia entre lo que se dice y lo que se vive. Ser fiel es cuidar el amor, la justicia y la solidaridad con constancia, sin dejarse llevar por las conveniencias del momento. Que podamos ser fieles a nuestros valores, a las personas que caminan con nosotros y al propósito mayor de vivir con dignidad, compasión y verdad. Ser fiel a Dios significa confiar en Él en todas las circunstancias, tanto en los días de alegría como en los momentos de prueba. Es reconocer su presencia en nuestra vida y elegir vivir según su voluntad. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
Estamos "armados" para ello, gracias a Dios. Con la virtud de la paciencia, que, una y otra vez, cuando vienen tiempos malos, no desfallece, se ejercita, coge fuerzas. Y con la humildad, que no se complica, se fía de Dios aunque esté oscuro. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Cuando todo parece oscuro, la esperanza no niega el dolor ni ignora la realidad; prefiere creer que el sufrimiento no tiene la última palabra. Ella no nace de un optimismo ingenuo, sino de la confianza en que cada paso, por pequeño que sea, puede abrir caminos. En medio de las caídas y decepciones, custodiar la esperanza es recordar que la vida está hecha de recomienzos. Custodiar la esperanza también es un compromiso colectivo. Cuando sostenemos la esperanza unos de los otros, creamos vínculos que resisten el desánimo y construimos un futuro juntos. La esperanza es como una llama: debemos protegerla del viento de la indiferencia y alimentarla con actitudes concretas de amor y fe en la perseverancia. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
Seguramente me dirá la conciencia que el caso de pobreza que se me presenta aquí y ahora, me corresponde socorrerlo si puedo. Pero no nos conformamos. Personas elegidas se mueven comunitaria y orgánicamente por la pobreza. Ahí tengo voz. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Dar voz a los pobres es, ante todo, escucharlos. Escuchar sus dolores, sus esperanzas, sus luchas diarias y también su sabiduría, tantas veces ignorada. Los pobres tienen voz, pero muchas veces es silenciada por la indiferencia, por los prejuicios y por las estructuras que favorecen a unos pocos y silencian a muchos. Cuando damos voz a los pobres, estamos llamados a reconsiderar nuestros privilegios y nuestra forma de vida. Su realidad nos interpela, nos inquieta y nos llama a la responsabilidad. No se trata solo de caridad ocasional, sino de justicia. Dar voz a los pobres es también reconocer que Dios habla a través de ellos. En sus gritos, escuchamos una llamada a la conversión del corazón, a la solidaridad concreta y al compromiso por un mundo más fraterno. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
Hagamos lo que hagamos y estemos donde estemos, que pensar en la solidaridad con toda la familia humana sea para nosotros siempre un deber, y ese amor universal de fondo hará que hasta nuestros más pequeños servicios sean grandes. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Ser solidario con todos significa comprender que el dolor del otro también nos importa, incluso cuando no lo comprendemos del todo o cuando parece lejano de nuestra realidad. La solidaridad se revela en palabras que reconfortan y en actitudes que incluyen. Ser solidario es rechazar la indiferencia, es dejar el corazón sensible al sufrimiento humano, sea este cercano o invisible. Cuando somos solidarios, aprendemos que la verdadera fuerza nace del cuidado mutuo. Hay un solo cuerpo y un solo espíritu (cf. Ef 4,4). Por lo tanto, vivir la solidaridad es reconocer que somos parte unos de los otros, y que el bien de uno, solo encuentra sentido cuando se convierte en el bien de todos. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento
Por amor a quien convive con nosotros, nos tocará muchas veces espabilar y superar nuestras tristezas. Porque necesitamos la alegría. Es un don de Dios que requiere nuestra correspondencia y el ejercicio vigilante de la fe. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
La alegría que se comunica nace de la esperanza, de la confianza de que la vida tiene sentido y de que el bien puede florecer incluso en las circunstancias más sencillas. Cuando compartimos la alegría, ofrecemos al otro un espacio para respirar. Un gesto de acogida, una palabra sincera, una mirada atenta pueden renovar las fuerzas del cansancio. Esta alegría se ofrece con humildad, respetando el tiempo y el dolor de cada uno. Comunicar alegría es también un acto de responsabilidad cristiana: reconocer que nuestras actitudes influyen en el ambiente que nos rodea. Comunicar alegría es un servicio silencioso. Es sembrar luz sin esperar aplausos, confiando en que, en algún momento, esta luz, que viene de Dios, encontrará un corazón dispuesto a recibirla. Abrazos, Apolonio Carvalho Nascimento