Le dice la mamá al bebé un borbotón de palabras que él no entiende; pero reacciona, sonríe feliz, entiende el amor. Nos habla Dios por las personas, las circunstancias..., muy vivamente por el dolor (¿será porque ahí nos hacemos como niños?) (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Acoger la Palabra de Dios es permitir que ella habite en nuestro corazón.Cuando nos abrimos humildemente a escuchar lo que Dios nos dice, la Palabra ilumina nuestras decisiones, nos consuela en las pruebas y guía nuestros pasos cada día.
La Palabra de Dios no llega para acusar, sino para transformar. Ella pide silencio interior, atención y disponibilidad.
A menudo, acoger la Palabra significa dejar que cuestione nuestras certezas, sane nuestras heridas y nos llame a comenzar una nueva vida.
Que cada día, podamos guardar la Palabra en nuestro corazón, como lo hizo María, y dejarla fructificar en actos de amor, especialmente cuando amar se vuelve difícil.
Abrazos,
Apolonio Carvalho Nascimento