Nada de resignarnos a la peste de la guerra. Es una tarea, la paz, que inquieta nuestro corazón. La cultivamos interiormente, viviendo en paz con nosotros mismos. Y la llevamos a la familia, a la calle, a nuestras conversaciones. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Construir la paz exige un tipo de valentía especial, que se revela en la vida cotidiana, silenciosa y persistente. Es el coraje de permanecer humano cuando el mundo parece endurecerse; de mantener el corazón abierto cuando las heridas aún duelen; de elegir comprender cuando sería más fácil juzgar.
La paz se teje poco a poco, con palabras que no hieren, con actitudes que acogen, con gestos que desarman. Exige fuerza para sostener el diálogo cuando la impaciencia presiona por rupturas.
La verdadera valentía para construir la paz consiste en mirar al otro como un hermano, incluso cuando la historia, la cultura o la opinión nos separan. Es ser capaces de sembrar serenidad donde hay conflicto, respeto donde hay intolerancia, reconciliación donde hay heridas.
Abrazos,
Apolonio Carvalho Nascimento
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