Es el arte de saber acompañar a quien sufre. Estando cercanos, con un amor inteligente. Porque son momentos que exigen silencio y respeto, tiempos de gracia en que Dios puede decirnos algo. Y todos somos llamados a aceptar, crecer y madurar. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Compartir el sufrimiento del otro es una de las formas más profundas de respeto. No es invadir, no es ocupar el lugar de alguien, es acompañarlo.
He aprendido que nadie se fortalece viviendo aislado en su propio dolor. La vida, a veces, pesa demasiado para uno solo.
Por eso, cuando alguien a mi lado sufre, sé que mi papel no es ofrecer respuestas inmediatas, sino ofrecer presencia.
El dolor del otro me llama a salir de mí mismo, a ver más allá de lo cómodo, a recordar que el corazón humano también fue hecho para latir también por otros corazones.
Compartir el sufrimiento es un gesto silencioso, pero lleno de dignidad.
Y, en el fondo, sé que cuando tiendo la mano a alguien que sufre, es a mí mismo a quien estoy ayudando.
Abrazos,
Apolonio Carvalho Nascimento
Entrada principal
PALABRA DE VIDA ENERO 2026. «Un solo Cuerpo y un solo Espíritu, como una es la esperanza a que habéis sido llamados» (Ef 4, 4)
En la Semana de oración por la unidad de los cristianos [1] estamos invitados a concentrar nuestra atención en un tema en particular, el ...
-
Ha sido un persona con una ternura especial... una persona que amaba...una persona que deja una huella que no se borrará jamás para los qu...
-
EL GEN ROSSO - INTERNATIONAL PERFORMING ARTS GROUP nace en 1966 en Loppiano, una pequeña localidad en las colinas toscanas, cerca de Flore...
-
Oración de Chiara Lubich: Te quiero no porque he aprendido a decírtelo, no porque el corazón me sugiera esta palabra, tampoco porque la fe m...