La luz "larga" de una verdad grande "que haga grande y plena la vida". (No es prudente "viajar" con luces cortas): que Dios me sostiene y alumbra un futuro y unos horizontes que llenan el corazón. Es la fe. ¿Nos ayudamos a mantenerla encendida? (Padre Manolo Morales o.s.a.).
La Luz Divina no fuerza, no invade, no exige. Se ofrece.
Somos nosotros quienes podemos abrir una brecha en nuestra alma para que entre, a través de la humildad, de la fe, de la escucha y de la sinceridad de nuestro corazón.
Cuando nos dejamos iluminar por la Luz, la inquietud encuentra reposo, lo que es confuso comienza a organizarse, lo que es pesado se suaviza, la herida se convierte en un camino de sanación, lo que es orgullo se rinde a la humildad.
Dejarse iluminar es permitir que Dios, o la presencia sagrada que cada uno reconoce, toque nuestras intenciones antes que nuestras acciones, y toque nuestro mirar antes de juzgar.
Es un movimiento de adentro hacia afuera: primero la Luz nos llena, luego se desborda a través de nuestras actitudes.
Abrazos,
Apolonio Carvalho Nascimento