La desatención, la superficialidad, las prisas... son males que pueden banalizar nuestras relaciones. ¡No, por Dios! Vamos despacio. Que el tiempo se mide por la eternidad, y la eternidad solo recoge donde hemos puesto el amor. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
En el vertiginoso ritmo de la vida diaria, pasamos de largo ante rostros, historias y sentimientos sin darnos cuenta.
Prestar atención no es solo ver, sino reconocer al otro como alguien que lleva consigo luchas, sueños, miedos y esperanzas, igual que nosotros.
A veces, un simple gesto, una palabra amable, un silencio respetuoso, puede ser justo lo que alguien necesita para seguir adelante.
Cuando aprendemos a ver a las personas más allá de las apariencias, ampliamos nuestra sensibilidad, nuestra paciencia y nuestra capacidad de amar.
Prestar atención a los demás es una invitación a recordar que todos estamos en un camino y que nadie debería pasar desapercibido a nuestro lado.
Abrazos,
Apolonio Carvalho Nascimento
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