La alegría, cuando es fruto de una vida basada en el amor, casi exige ser compartida, donada a los demás. No puede ser objeto de deleite egoísta.
La idea de experimentar la alegría para compartirla refleja un acto de generosidad.
Cuando cultivamos la alegría dentro de nosotros, ésta se vuelve contagiosa y se irradia a quienes nos rodean. Es como una llama que enciende otras sin consumirse jamás ni disminuir su propia luz.
La alegría compartida se multiplica y crea recuerdos que nos sostienen en los momentos oscuros de la vida.
Gestos de bondad, expresar gratitud, ofrecer nuestro tiempo, hacer pequeñas sorpresas, contagiar entusiasmo, compartir buenas noticias, contar historias divertidas o simplemente mostrar alegría sincera en momentos especiales.
Cada acto, por más pequeño que parezca, tiene el potencial de crear un efecto de avalancha de alegría a nuestro alrededor.
Abrazos,
Apolonio Carvalho Nacimiento
Entrada principal
PALABRA DE VIDA ABRIL DE 2026. «Quédate con nosotros, porque atardece» (Lc 24, 29).
Desencantados de los sueños, los proyectos y los momentos fuertes de los días transcurridos con el Maestro, los discípulos de Emaús vu...
-
Ha sido un persona con una ternura especial... una persona que amaba...una persona que deja una huella que no se borrará jamás para los qu...
-
¿No sería eso lo primero que tendríamos que hacer cada amanecer? ¿Y lo mismo al acabar el día? No es bueno descuidarlo, porque el peligro es...
-
EL GEN ROSSO - INTERNATIONAL PERFORMING ARTS GROUP nace en 1966 en Loppiano, una pequeña localidad en las colinas toscanas, cerca de Flore...