Jesús vino al mundo para amar y para comunicarnos su alegría. Que ningún momento pase sin amar y no habrá un solo momento sin alegría."
Chiara Lubich.
Que no sea solo fruto de las circunstancias, un encuentro feliz, una noticia hermosa... Tenemos el deber de transmitirla. Con la gracia de Dios, incluso en medio de la contrariedad, aprendemos a producirla, y no es efímera ni superficial. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Y cuando ofrecemos esta alegría con una palabra que calma, con una sonrisa que no exige nada a cambio, con un silencio acogedor, ella regresa. Siempre regresa. Porque la alegría compartida es tenaz: crece, se multiplica, encuentra un lugar incluso donde parecía no haber espacio.
Transmitir alegría es comprender que cada encuentro es un campo fértil. Y que, si dejamos allí una semilla de luz, por pequeña que sea, quizás alguien encuentre la fuerza para florecer cuando más la necesite.
Transmitir alegría es simple: es presencia, es un gesto, es la elección de ser, sin esfuerzo, una especie de refugio para el mundo.
Abrazos,
Apolonio Carvalho Nascimento