En medio de la tristeza, la apatía, los conflictos, las guerras..., el mundo busca desesperadamente la felicidad. ¿Será que los creyentes tendremos un poco de alegría que ofrecer? ¿Soy yo capaz de sonreír en medio de mis dificultades? (Padre Manolo Morales o.s.a..).
En el fondo, la sonrisa del mundo es el eco de nuestras decisiones, de nuestra capacidad de reconocer al otro como una extensión de nosotros mismos.
Sonreír al mundo y hacerlo sonreír, es afirmar que la vida merece ser celebrada.
Cuando decidimos ser fuente de alegría, revelamos una sutil comprensión: que el valor de cada momento no reside en lo que poseemos, sino en lo que irradiamos.
Por lo tanto, hacer sonreír al mundo es menos una tarea y más una actitud, un compromiso íntimo con la amabilidad y la empatía.
Porque la sonrisa del mundo es simplemente el reflejo de lo que decidimos ser.
Abrazos,
Apolonio Carvalho Nascimento