El prejuicio es como un ancla que nos frena y nos impide navegar en aguas más libres y abiertas.
Superar el prejuicio significa reconocer la diversidad como riqueza, practicar la aceptación del otro y cultivar la mente abierta.
El prejuicio a menudo surge del miedo o de la ignorancia, dos barreras que podemos superar con el conocimiento y el diálogo.
Por ejemplo, podemos preguntarnos: "¿Cuántas veces he juzgado algo o a alguien sin conocerlo ni comprenderlo profundamente?". Cuando empezamos a cuestionarnos de esta manera, empezamos a romper las ataduras del pensamiento limitado, que alimenta el prejuicio.
Cuando nos liberamos de estos juicios, nos convertimos en personas más agradables, más receptivas, capaces de crecer juntos unos con los otros.
Un mundo sin prejuicios es un espacio donde cada persona puede ser y expresarse con toda su singularidad.
Abrazos,
Apolonio Carvalho Nascimento
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