“Alégrense con los que están alegres, y lloren con los que lloran.” (Rom. 12,15)
Consolar a quien está sufriendo es uno de los gestos más humanos que podemos ofrecer.
Secar las lágrimas de quien está en el dolor no significa simplemente extender un pañuelo, sino estar presente, escuchar, comprender y ofrecer apoyo.
A veces las palabras sobran; un abrazo, una mirada o un gesto, pueden transmitir más consuelo que cualquier palabra.
El dolor compartido se vuelve más ligero, y la presencia de alguien que se preocupa por este dolor puede ser el primer paso hacia la sanación emocional de quien sufre.
Podemos ver el sufrimiento del otro sin juicios, acogiendo su vulnerabilidad con respeto y compasión, haciéndonos uno con él.
Abrazos,
Apolonio Carvalho Nascimento
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