“Denles de comer ustedes mismos” (Lc. 9,13).
Podemos ser sensibles a las necesidades de los demás, pero no tomar la iniciativa para ayudar a resolver sus problemas.
El corazón como punto de partida es una metáfora para reflexionar sobre las decisiones y los caminos de la vida. Representa la esencia de quienes somos, nuestros sentimientos más profundos y las motivaciones que impulsan nuestras acciones.
Pensar en el corazón como punto de partida nos lleva a preguntarnos si vivimos según lo que sentimos; si nuestras decisiones reflejan lo que realmente valoramos; si el camino que seguimos es guiado por el miedo o por la verdad que habita en nosotros.
Seguir el corazón no significa ignorar la razón, sino equilibrarla con lo que late en nuestro interior. Este equilibrio puede ser la clave para tener una vida más coherente con la voluntad de Dios.
Abrazos,
Apolonio Carvalho Nascimento
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