Cuando alguien, con corazón sincero, nos confía no tener fe, toca ofrecernos a caminar juntos abiertos al amor y practicando el bien. En ese caminar, es Dios mismo, Sumo Bien, quien sostiene a quien le busca; se le acerca, ilumina los ojos. (Padre Manolo Morales o.s.a ).
El bien no es un destino predeterminado, sino un camino que se construye paso a paso, con coherencia.
Vivimos en una época donde el ruido de las opiniones intenta distraernos de la escucha interior. Y es precisamente en esta escucha donde encontramos la brújula que apunta hacia el bien.
El bien no se mide por los aplausos ni por reconocimientos; él florece en lo invisible, en los gestos que nadie ve, en las pequeñas renuncias, en las palabras que evitamos por amor y respeto.
Es en esta práctica silenciosa donde el mundo comienza a cambiar, no desde afuera hacia adentro, sino desde adentro hacia afuera.
Orientarnos hacia el bien es, fundamentalmente, orientarnos hacia nosotros mismos, hacia la parte más pura y luminosa de lo que somos y de lo que tenemos dentro.
Abrazos,
Apolonio Carvalho Nascimento
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