No olvidar que la vida es un viaje. Y, como todos los viajes, nos reserva sorpresas agradables y también incomodidades, imprevistos, contratiempos. Solo recordando el Gran Amor que nos espera en la meta, encontramos sentido a todo. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
En medio de la incertidumbre y los desafíos, la esperanza es como una pequeña llama, a veces parpadeante, pero obstinadamente viva. Ilumina la oscuridad, incluso cuando todo a nuestro alrededor parece derrumbarse. Encender la esperanza es creer en el mañana, incluso sin garantías.
No se trata de fingir que todo está bien, sino de reconocer que dentro de nosotros hay una fuerza que insiste en volver a empezar. Cada acto de bondad, cada palabra de aliento, cada paso dado a pesar del miedo: todo esto es el combustible que mantiene viva esa llama.
La esperanza no necesita ser un fuego intenso; basta que sea constante. Porque mientras arde, incluso como una tímida brasa, hay vida, hay posibilidad, hay futuro.
Encender la esperanza es recordar que incluso la noche más larga termina al amanecer.
Abrazos,
Apolonio Carvalho Nascimento
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