«Hay una voz sutil en tu interior, ¡escúchala! (...) Pero escucha con atención: es la voz de Dios. Te dice que este es el momento de estudiar, de amar a los necesitados, de trabajar, de vencer una tentación, de cumplir con tus deberes como cristiano o con tus obligaciones como ciudadano. Te invita a escuchar cuando alguien te habla en nombre de Dios, o a afrontar con valentía las situaciones difíciles. (...) No silencies esa voz. Es el tesoro más preciado que posees. Síguela.» Chiara Lubich.
¿Será verdad que "el déficit de atención que sufrimos hoy dificulta la percepción de Dios"? En efecto: ¡De cuántos pesos íntimos se puede liberar a una persona solo con escucharla atenta y cordialmente! Escuchar así es amar. Y Dios es amor. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Cuando escuchamos atentamente a alguien, abrimos espacio para comprender no solo lo que se dice, sino también lo que se siente: los silencios, las pausas, lo subjetivo.
En el ajetreo del día a día, es común escuchar sin prestar verdadera atención. Pensamos en nuestra respuesta mientras la otra persona habla, la interrumpimos o dejamos que nuestras propias opiniones filtren lo que nos llega. Pero escuchar de verdad exige calma y entrega total. Es ponerse por un momento en el lugar del otro, sin juzgar, con el corazón abierto.
El hecho de escuchar con atención transforma las relaciones. La escucha nos acerca, sana malentendidos y hace que el otro se sienta valorado.
Escuchar es un regalo que ofrecemos al otro, y, al mismo tiempo, a nosotros mismos.
Abrazos,
Apolonio Carvalho Nascimento
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