Las haremos, al menos para distinguir quien obra mal de quien obra bien. Pero aquí nos referimos al respeto que mostraremos por la igualdad de todos, más allá de su condición social, raza, sexo, religión, etc. Todos creados a imagen de Dios. (Padre Manolo Morales o.s.a.).
Cuando dejamos de hacer distinciones, ya sea por apariencia, estatus social, color, creencias o cualquier otro motivo, abrimos espacio para ver lo que realmente importa: la esencia de cada ser humano.
La verdadera grandeza del amor reside en reconocer el valor que hay en cada persona, sin juzgar ni comparar. Cada persona tiene una historia, un aprendizaje y un propósito únicos.
No hacer distinciones no significa negar las diferencias, sino aceptarlas como parte de la riqueza de la vida. Es comprender que todos somos diferentes, pero igualmente dignos de amor, respeto y oportunidades.
El amor cristiano tiene dos características básicas: amar a todos, es decir, sin hacer distinciones; y amar al prójimo como a uno mismo, que es la medida de la justicia.
Abrazos,
Apolonio Carvalho Nascimento
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