Son comúnmente las madres quienes más sufren cuando un hijo se aleja de la fe. Y son ellos, los jóvenes, quienes nos recuerdan que somos todos exploradores en común de la Verdad, que es "siempre antigua y siempre nueva" (S. Agustín). (Padre Manolo Morales o.s.a.).
A menudo, quien está lejos no pide ayuda, sino que se esconde, se aísla y guarda silencio. Por eso, se necesita sensibilidad para percibir su ausencia y valentía para ir a su encuentro con respeto y amor.
Ir en busca del que está lejos es un gesto de profundo amor. Significa no conformarse con la ausencia del otro, con el silencio, con el dolor escondido; es actuar como el pastor que deja las noventa y nueve ovejas para buscar a la que se perdió (cf. Lc. 15,4).
Dios es el primero en buscar a quien se aparta. Él no se cansa de llamarnos de nuevo, con paciencia y misericordia. Y nos invita a hacer lo mismo: a ser instrumentos de reconciliación, puentes de cercanía, manos extendidas.
Buscar a quien está lejano es dejar que el amor venza la indiferencia.
Abrazos,
Apolonio Carvalho Nascimento
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