Dios siempre escucha nuestra oración, pero nos da solo lo que realmente necesitamos.
Lo que le pedimos no siempre es lo que Él pensó para nosotros.
Su voluntad para con nosotros, vale mucho más que los deseos de nuestro corazón. Lo que le pedimos puede ser algo bueno, pero a veces puede no ser el bien que Él desea para nosotros; o quizá no sea el momento adecuado.
Nuestra fe debe ir más allá de nuestra voluntad, para recibir la ayuda que Dios quiere darnos en cada momento.
Cuando nuestra oración es una súplica que viene de un corazón sincero, y nuestro deseo corresponde a Su voluntad, Dios escucha nuestro clamor.
Dios no satisface deseos ilusorios, Él satisface nuestras necesidades.
Abrazos,
Apolonio Carvalho Nascimento
Cuando los hijos sufren la dificultad, la madre preferiría intervenir, el padre opta por esperar, acompañar y respetar. Dios -Padre y Madre-, el equilibrio del amor, sufre viéndonos sufrir y sabe cuánto madura y educa el sufrimiento. (P.M.)