El amor al hermano nos lleva directamente a Dios, sin embargo lo contrario también es verdadero: cuanto más amamos a Dios, más capaces somos de amar a los hermanos.
Una cosa lleva a la otra, pero el hecho de estar unidos a Dios es la motivación principal para amar y estar unidos también a nuestros hermanos y hermanas.
A veces me sorprendo cuando alguien queda admirado por un pequeño gesto positivo de mi parte. Un gesto que para mí se volvió natural, pero que para él es algo inusual.
Me doy cuenta que cuanto más quiero estar unido a Dios, más me siento impulsado a amar.
Y cuando consigo estar siempre unido a los hermanos, en los momentos de recogimiento mi unión con Dios se hace inmediata.
Abrazos,
Apolonio Carvalho Nascimento
Es que esa "Voluntad de Dios" es su Corazón, lo que Él nos quiere; "ahí" estamos todos sus hijos sin exclusiones. ¿Podremos acercarnos de verdad a ese Corazón sin purificar todas nuestras distancias y antipatías y prejuicios? (P.M.)